Pueden hablar l*s subaltern*s?

Me desperté pensando hoy en los acontecimientos de antes de ayer, y creo necesarias un par de notas adicionales. 
(1) Sin dudas, la escritura (y su par indisociable, la lectura) son privilegios, que suelen asociarse de manera automática con el tránsito universitario. En mi caso, como (estoy seguro) en muchos otros, le debo la iniciación en una y otra a mi abuelo materno, José Siriczman. Mi abuelo no fue a la universidad, tampoco hizo el secundario, y sólo cursó seis años de primario. Comunista desde su adolescencia, se formó en la escuela obrera del sindicato de gráficos -y creía con pasión en la necesidad revolucionaria del conocimiento. Ni la escuela primaria (durante la dictadura) ni la secundaria (durante la inmediata posdictadura) me prepararon para la universidad como la biblioteca, el diccionario y la disciplina militante de mi abuelo. Pude comprobarlo muchos años después, cuando me tocó ser docente en el curso de ingreso a Historia, y enfrentarme a una realidad muy dolorosa: quienes para ese entonces sabían leer, escribir y hablar podrían lidiar con la carrera, quienes no sabían no encontrarían apoyo alguno a la hora de enfrentar una formación centrada en lograr que sepan más quienes ya saben. 
(2) Hay un personaje de Philip Roth que opina acerca de otro sujeto, de quien dice 'lo sabe todo, lástima que no sepa nada más'. Ese precisamente ese resto/exceso, ese 'nada más' que sigue ausente del 'todo' académico, el que sigue en falta. Justamente antes de ayer alguien me decía cuánto había ganado el activismo con el acceso universalizado a la lectura y la escritura, en fin, a la palabra. Sin dudas, esto es así -pero, al mismo tiempo, sigo creyendo que las ideas más poderosas y transformadoras siguen proviniendo de quienes practican otra economía de la palabra -'no educada', lo que es decir, también, 'no domesticada'. Como sea, lectura, escritura y expresión oral son tecnologías que, como cualquier otra tecnología, pueden aprenderse y dominarse. El problema, me parece, sigue siendo la escucha. L*s subaltern*s, por supuesto, hablan, pero ¿quien l*s escucha? ¿Cómo, cuándo, desde dónde, para qué?
por Mauro Cabral

Comentarios