Bienvenido a la nada


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A nadie le importa lo que escribís. Se sabe: no está en el terreno de las necesidades de los demás. El asunto literario empieza a desprenderse de sus figuras. Ya no las necesita. Quien escribe y pone a circular sus materiales pierde singularidad y se transforma, al poco tiempo, en un módulo intercambiable. Las páginas de cada libro que escribiste podrían borrarse para siempre, una tras otra, y nadie se daría cuenta. Esa idea tan poderosa de borrar con el codo lo que se escribe con la mano te resulta muy atractiva. Sus cláusulas arrojan a la escena una condición performática. Es inútil también. Nadie la necesita. Nadie necesita que pongas tu pequeño universo por escrito. Cada libro es una molestia en las entrañas de tu disco rígido, en tu casa de alquiler, en las habitaciones de los editores, en las librerías que reciben tus ejemplares para esconderlos en el sótano ni bien te vas. Hace años que perdiste la condición de huésped de la literatura. El cuerpo social ya organizó tu fiesta de despedida. Bienvenido a la nada.
[De "Linda mi peste", inédito, 2015]
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