Tanto puede un nombre de varon? sobre Paul B. Preciado y la neovanguardia posdeconstructiva queer


La primera “estrella intelectual” del siglo XX en Estados Unidos, Susan Sontag, gestó la indistinción entre la persona y el personaje. Paul B. Preciado, ex Beatriz, teórica queer devenida transfeminista, hoy es casi un pop-star con un look atildado de metro sexual más cercano al de un director técnico del Barcelona que al de una activista antisistema.   Preciado irrumpió en escena con el Manifiesto contrasexual, prácticas subversivas de identidad sexual (2000). Siguiendo la estela de Judith Butler y Michel Foucault, el trabajo promovía la deconstrucción de las prácticas sexuales naturalizadas y del sistema de género existente (a cada cuerpo le corresponde un sexo y sólo uno, a cada sexo un género y sólo uno y las prácticas serán heterosexuales). A partir de entonces, sus diagnósticos filo-políticos atrevidos y documentados, su escritura atractiva, las apariciones mediáticas persistentes y oportunas, sumado a un no sé qué de destape a la española (lesbiana replegada por familia franquista católica, académica brillante que se enamora de explosiva cineasta ex trabajadora sexual mientras se autoadministra testosterona en busca de una desidentificación con su sexo-género de origen),  confluyeron en  un cóctel tentador para la sociedad del espectáculo.   En una de sus intervenciones más recientes, en enero de 2015, Preciado escribió en un periódico: “he empezado el año pidiendo a mis amigos cercanos, pero también a aquellos que no me conocen, que cambien el nombre femenino que me fue asignado en el nacimiento por otro nombre. Una deconstrucción, una revolución, un salto sin red, otro duelo. Beatriz es Paul”.  
¿A quién se dirige ese pedido? Estrictamente no somos amigos cercanos ni aquellos desconocidos. En todo caso, somos algunas de las que leyeron a quien firmaba como Beatriz Preciado. ¿Nos interpela? Tanto usar todos, todas y todes y ahora vuelta a la neutralidad falsa del genérico (masculino). Si a Preciado desde este año le apetece ser Paul, ¡voîlà! Pero ¿Porqué tanto ahínco en un autobautismo deconstructivo, y seguirnos subsumiendo y asumiendo un universal masculino? Un desliz significativo y ya tropezamos con la piedra del patriarcado. - 

La critica a la posdeconstruccion queer es necesaria, la blasfemia que se viene tejiendo desde hace un tiempo resulta inevitable. Pareciera que después de leer, escuchar, ver, comentar, simpatizar o discutir con Preciado unx se enfrenta con el desierto mismo: no hay nada que decir, nada que objetar (quizás solo idolatrar, acatar o citar sus palabras mesianicas por doquier). ¿Alguien dijo algo sobre la voz del padre Paul Preciado (neo-edipico de fanaticxs y gruppies)? La critica Trans (de Cabral, Radi, Misse y tantxs otrxs) y algunos pocos textos (Cano, Coll Planas, Mattio, Viturro, Theummer, Silvestri) construyen una hermeneutica critica sobre Preciado. Se suma otra, tan importante como necesaria, se articulan voces poscoloniales, situadas y constructivas. Voces muy poco vanguardistas, con muy poca brillantina ni publicidad, quizás esta otra actitud critica trans, posfeminista, queer (y ahora agrego marxista) es mas grisácea, paciente y pausada.
WalterEgo & Martin De Mauro Rucovsky copyleft 2015

El volumen de chicanas en prosa y verso que desato, no tanto la performance posporno próximo pasada en la UBA, sino el fastidio de un militante del PO respecto a que durante la misma le habían ensuciado “la mesita” en la que él milita(ba) “todos los días”, creo, merece una reflexión.
Según mi parecer, la performance en cuestión sí que estaba dirigida contra “la militancia marxista” que dirige el Centro de estudiantes de Sociales (los volantes que repartieron lxs perfromers así lo prueban). No sé si como una “provocación” kirchnerista –en todo caso, es algo que no me concierne- mas sí como una actividad desarrollada en concordancia con las recientes directrices de Paul Beatriz Preciado en su reciente visita al país. No sugiero que ello haya marcado a “la militancia marxista” como blanco para la performance, pero sí, que la misma se desarrolló en el contexto de un llamamiento de Preciado a la “crítica al modelo de subjetivación liberal-marxista” como un momento en el actual proceso de “revolución somato-política” al que estaríamos asistiendo.
Entonces, tendría que quedar claro que la performance próximo pasada en la UBA poco o nada tenía que ver con una crítica a los estándares heteronormativos de la pornografía. Se trató, a no dudarlo, de una actuación “somato-política” de ambiguo rendimiento “revolucionario” y que tenía como blanco “el modelo de subjetivación liberal-marxista”. El hecho que se realizara en los pasillos de una universidad pública y como una provocación a la militancia trotskista nada tiene de raro ni de “malo”. Si esta presunta revolución es tal, ha de ser totalizante y, como lo dijera el propio San Carlos, el que una revolución sea total quiere decir que “cada esfera se revoluciona a su modo”, ¿por qué no también la universidad pública y su militancia de izquierda?
Y, sin embargo, así como lxs performers quisieron “tensionar” los tópicos heteronormados de “la militancia marxista”, lxs trotskxs marcaron las incoherencias de un pretendido acting contestatario auspiciado por las gestiones oficialistas de la UBA intentando, de este modo, agudizar sus contradicciones, por así decirlo.
Pero lxs coreutas del ciberespacio progresista salivaban orgásmicamente sus teclados ante el supuesto “doñarosismo” de lxs militantes “trotskxs”. Mass-mediáticamente sobreexcitadxs realizaron una defensa coral de las masturbaciones disruptivas de micrófono abierto y demás. Hicieron de “la mesita” su objeto fetiche y, casi sin proponérselo, casi que entendieron algo.
La mesa objeto fue adquiriendo toda una serie de virtuales peculiaridades, tanto que parecía la célebre mesa de la que se sirviera Marx para arrancarle a la mercancía “su secreto”. Pues bien, acaso no será la misma mesa, pero podemos servirnos de ella para arrancarle “su secreto” a lxs venus queer y su posporno.
Como ya habíamos advertido, para comprender la significación específica de la performance próximo pasada en la UBA, hay que situarla como uno de los momentos “críticos” del llamamiento revolucionario realizado por Paul Beatriz Preciado en su reciente visita al país y que, en este caso, tenía como blanco “la militancia marxista” y su “modelo de subjetivación”.
Pero, ¿cuál sería este “modelo” marxista “de subjetivación”? Supuestamente se trataría del “modelo” jurídico-político de un sujeto “individual, autónomo, militante, masculino y heroico” que el marxismo compartiría con el liberalismo. Bien, esta caracterización se parece más a una trillada interpretación semiótica del retrato fotográfico del “guerrillero heroico” que a un análisis crítico de las culturas políticas de “las militancias marxistas” radicalmente contextualizadas. Mas para lxs coreutas progresistas esta caricaturización “orientalista” es más que suficiente.
¿Y qué otro “modelo de subjetivación” nos traería “la revolución somato-política” perfor-mateada por Preciado y sus “efectos de teoría” (o de discurso, da igual). La del “cuerpo vivo, vulnerable, cooperante y constitutivamente relacional; no autónomo sino dependiente”. Una vez más, Frankestein contra Proteo.
Abstracción hecha del lugar común de que los procesos de subjetivación son siempre “constitutivamente relacionales”, advertimos de qué manera el tosco materialismo foucaultiano (a decir verdad, un “fisicalismo”) excluye la dimensión “no material” de los procesos de subjetivación que, cuando menos, la noción de “individuo” mantenía, aun mistificadamente. No parece casual esta forclusión toda vez que lo que está en juego es “la capacidad de ser afectados” de los sujetos sociales la que, en todo caso, se ve reducida al ser atravesado por “intensidades”. Un reduccionista “uso de los placeres”, formas de goce, flujos de deseo, formas de sensibilidad, poder de afección, que el posporno viene a performatear con y contra la pornografía.
Preciado nos propone una “teoría” de la subjetivación en tanto que “ficciones políticas” encarnadas, vivas y por tanto reales o, al menos, dotadas de “efecto de realidad” (y en esto es ampliamente superior a la tabula rasa de lxs coreutas pos), pero aplanando y soslayando las tensiones y contradicciones entre ficciones jurídicas y técnicas positivas de subjetivación. Sus sujetos se vuelven raramente monolíticos y “unidimensionales” de este modo. Y siendo ello un especialista en cuestiones de sexo-genero, la verdad es que podría habernos ahorrado el postulado ramplón de los “cuerpos vivos”. ¿Cuándo empieza “lo vivo” y dónde termina lo “no vivo”?. Tan eficaces como han sido las deconstrucciones pos para desmontar las “ficciones” encarnadas que separaban tajantemente los masculino de lo femenino y demás, para terminar con esta antinómica oposición de “cuerpos vivos” vs “no vivos”. Que fiasco; las discusiones en torno al “status” de fetos y embriones nos han legado elementos más interesantes al respecto.
Digamos, para variar, que Preciado vino a conferenciar a este cuarto mundo de la teoría para enseñarnos su enorme descubrimiento de que el cuerpo del soberano es, también, el de pater familias (oh!!!). Y más allá de revivir se maniqueas antinómicas de machismo y feminismo bajo la forma “sofisticada” de varón “tanatopolítico” vs mujer “biopolítica” logró arrancar efusivos aplausos de sus sujetos somato-políticos al señalarles que más que matrimonio igualitario tendría que exigir “la abolición del matrimonio” (oh!!!, oh!!!!). Sólo la tilinguería tercermundista puede haber celebrado como novedad toda esta fanfarronada.
¿Y “la mesita”?. Bien, “la mesita” significa la disputa en torno a una militancia cuya libido no se fije en la actividad sexual como “fin único y último” de su activismo frente a otra que se propone militar "disminuyendo lo erótico e intensificando la energía sexual".

por orko de la puntania <tomandoelcieloporasalto@hotmail.com>

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