Quien está en crisis ya lo estuvo alguna vez. Ninguna crisis es la primera. Quien superó las crisis del pasado a puro pulmón, a puro esfuerzo ahora está desconcertado. ¿Se estará mellando su fuerza de voluntad? ¿Se habrá vuelto viejo? ¿La fuerza que tenía en el pasado habrá sido un puro espejismo, un engreimiento que le permitió creerse ya curtido, cuando en realidad antes sólo le había tocado superar obstáculos fáciles, pueriles? ¿Es esta la verdadera prueba?(...)
El agua es el símbolo del jiu-jitsu, el "arte gentil" de defensa personal que engendró todas las artes marciales del Japón que no usan armas. Su lema es "como el agua, que siempre cede y nunca es vencida". ¿Ceder a qué? Al ataque. Volver la fuerza del enemigo en contra de él. El enemigo es la crisis. La angustia, la depresión. La desesperación. Al principiante del judo no le enseñan a atacar. Las primeras semanas las dedica a aprender a caer. Sólo a caer. A caer sobre el tatami sin que nadie lo empuje, a caer sin resistirse, dejando que el cuerpo se desplome sobre la lona como una agua vertida, con soltura y hasta chasquido. Después habrá que reconocer cuándo la toma del enemigo tiene la perfección suficiente para volver inútil la resistencia, cuándo deja un resquicio para que pueda volteárselo al compás de la propia caída y cuándo la propia caída puede ser seguida fulminantemente de una caída mayor y más contundente aun del contrincante. La caída es la continuación del ataque por otros medios. Pero usted no quiere caer, porque ya cayó bastante. Siempre parece que uno cayó bastante. A usted lo acaban de despedir de su trabajo. La empresa se achicó. Algunos se salvaron, y siguen trabajando. Usted no. ¿Por qué a mí? (...)
A veces usted se queda mirando el vacío y pensando si no sería mejor terminar con todo de una vez y pegarse un tiro. En los últimos tiempos esos son los únicos momentos de verdadero alivio. Necesita ese alivio para poder pensar, para poder actuar. Necesita pensar en que el suicidio siempre está disponible como puerta de salida para poder enfrentar cualquier situación. Pero cuanto más se alivia con esas fantasías suicidas, más sufre al enfrentar la muerte real. (...) Y usted que no quería caer, cae no como un yudoka rápidamente resignado y atento al resquicio que le dejen para asestar su propio golpe, sino como un dibujo animado aferrado al arbolito suelto en el aire que es ese ánimo suyo al que no quería ver volteado. (...) Saber caer es seguir actuando, trabajando, amando, danzando, sin pretender la impasibilidad, la indiferencia, la fortaleza ficticia de quien se queda paralizado por el esfuerzo inútil de no sentir su dolor, sino dejándose invadir con libertad absoluta por la sensación del derrumbe.
Fragmento del Capítulo 1 de "El camino total"
por SALVADOR BENESDRA.
http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2002/11/30/u-00304.htm
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