Todo está; lo único que falta es el recuento de muertos
Susan Sontag -“la enfermedad y sus metáforas”
Escribir bajo la presión de la guerra no es escribir sobre la guerra, sino en su horizonte y como si ella fuera la compañía con quién uno comparte su cama (admitiendo que ella te deje un sitio, un margen de libertad Maurice Blanchot - “La comunidad inconfesable”
Quizás de esto se trate el terrorismo que practico: cuando te estalla una granada en las manos, de seguro salpicarás a todxs por igual. Pornoterrorismo -“Manifiesto Carnívoro”
Ejércitos bien alimentados desembarcan a diario. El campo de batalla da señales de una larga contienda. Agazapados entre ruinas, se hallan los cadáveres de infinitas contiendas. Ciudades enteras son invadidas, sin derecho a reclamo alguno. No hay sublevaciones ni revueltas al invasor; hay, en cambio, bienvenidas más que cordiales.... Como el óxido que corroe el metal, el porno-turismo es el cáncer que habita nuestras geografías. Una guerra explícitamente declarada a cielo abierto. “Entonces empezaban los problemas. Los primeros capítulos del libro ilustraban a la perfección la maldición del turista, dedicado a la búsqueda desenfrenada de lugares no turísticos que su sola presencia contribuye a desacreditar, y empujando así a ir cada vez lejos en un proyecto cuya realización se rebela una y otra vez inútil. Esta situación sin esperanza, semejante a la del hombre que intentará huir de su sombra, era muy conocida en los medios turísticos(...)” M. Houellebec (2002) Inexorablemente, nos reconocemos traficantes del porno-turismo, ávidos consumidores de toxinas pornográficas y conscientes de nuestra identidad terrorista-turística. Éstas son nuestras coordenadas. Sin fronteras ni banderas, el ejército porno-turístico es la distopía contemporánea (ya realizada y jamás acabada). Porno-distopía destructiva que nos interpela como paseantes, turistas, vendedores, huéspedes, sicarios del consumo y de la guerra de precios. Infanterías de promociones, filas de descuentos, avanzadas de oportunidades. Atrás quedaron espacios inmaculados, territorios inhóspitos, la “naturaleza incontaminada”, islas desérticas, poblados ignotos y lugares desconocidos. El ejército porno-turístico todo devora, todo lo invade. Pues no se trata de víctimas ni vencedores, sino de aquella microscópica frontera de resistencia. “(…) el mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas (…)” (B. Preciado, 2008). ¿Es posible e imaginable una tregua en esta guerra declarada?. ¿Hay representaciones alternativas al porno-turismo? ¿Cómo ejercer un no-turismo cual práctica anti-terrorista? En esta retórica militar la victoria no es sólo inminente, sino que es un hecho del pasado. Parafraseando a S. Sontag (2008), podría decirse que el porno-turismo “es una mutación lograda”. Nuestro horizonte es pos-apocalíptico. El porno-turismo es completamente exitoso a su paso. El porno-turismo ya arrasó, “lo único que falta es el recuento de muertos” (S. Sontag, 2008). Esbozos para una Teoría del porno-turismo Aquí la noción de pornografía no pretende emitir un juicio moral o estético, sino simplemente identificar nuevas prácticas de consumo de la imagen suscitadas por nuevas técnicas de producción y distribución y, de paso, codificar un conjunto de relaciones inéditas entre imagen, placer, publicidad, privacidad y producción de subjetividad. Beatriz Preciado – “Pornotopía” ¿Qué es el porno-turismo? -Notas y apartados- 1. Haremos uso, en lo que sigue, del significante “Turismo” en una de sus posibles lecturas y efectos interpretativos. De este modo “la hermenéutica turística” consiste de aquel vínculo social extendido y generalizado, es decir de una visión de mundo interiorizada (Lebenswelt). 2.El turismo es migración “voluntaria” de información ( visual, económica, digital, financiera, corporal) y remite también a un horizonte social pornográfico. 3.El Turismo como terrorismo inevitable es el paradigma de producción por excelencia en el tecnocapitalismo avanzado. El Pornoturismo no es, explícitamente, el turismo sexual y el trabajo sexual ni las múltiples formas del trabajo sexual incitado turísticamente. Conforme avanza, la agencia turística es aquella forma de relación entablada en la violencia originaria del turismo (en su más cruda evidencia). Origen fuera de sí mismo esto es violencia no oculta ni matizada, violencia del ejercicio y efecto sobre las topografías, las geografías, las culturas, los espacios, los fluidos y los cuerpos (codificados como foráneos). 2. El Pornoturismo reconoce su principal antecedente en el cruce de los códigos normativos del porno , el turismo (los modernos tours operators y la megalómana industria turística) y activismo terrorista en cuyo suelo epistémico da lugar el régimen fármaco-pornográfico (o su más brillante paroxismo). Siendo el Pornoturismo un efecto hermenéutico, rizoma semiótico y estilístico del pronunciar irreverente de Beatríz Preciado. 3. ¿Pornografía? Anestesia de nuestros sentidos , sobre-exposición de los sentidos, codificación de las representaciones como mirada hiperfocalizada (consumo visual) y teatralización de “lo real”, es a todo ello que hace alusión la pornografía. El porno, al igual que el turismo, es intercambio migratorio de información (visual, económica, corporal) en la nueva economía financiero-digital. El eslogan de Robin Morgan es resignificado, entonces “la pornografía es la teoría, el pornoturismo la práctica”. 4. El Pornoturismo no se agota en un análisis crítico del discurso. Tampoco parece necesario hurgar demasiado en la regularidad de la ciencia estadística interrogando por caso la industria del turismo. El Pornoturismo es análisis de la representación y estamos hablando que incluye tráfico de referencias, de textos, de personas, de flujos, de prácticas, productos, técnicas e imágenes. 5. Asimismo esta herramienta es espacio del silencio y producción de ficciones retrospectivas, de invención del archivo inexistente. Las coordenadas Pornoturistas como análisis de las representaciones sólo acaban (y recomienzan) en su propia capacidad enunciativa. Puesto que el Pornoturismo no reconoce una genealogía y carece de historiografía propia, su enunciación como tal es condición de posibilidad de su existencia como “visión de mundo" distintivamente moderna. 6. El pornoturismo es la clara magnificencia de la libertad como ideología: libertad en tanto imperativo de consumo, libertad de gasto-consumo, infinita expansión de lo posible. La libertad como ideología y derecho civil (falsa posibilidad de todo). Ontología del ser en tanto cosificación. Será objeto consumible o no será, será destino turístico o no será. El mundo vuelto destino turístico, entonces objeto de consumo a obra y semejanza del homo sapiens sapiens. El viaje, la visita, la estadía, la movilidad turística hacen de toda topografía un devenir imagen del mundo-cosificación del mundo. No está de más señalar que esta imagen-espejo nos produce (reiteradamente) como reflejo y refracción: “Se podría decir que el mundo ya no es "ancho ni ajeno", (...), sino que es angosto y propio” (Tito Castillo, 2005). “Los hombres no pueden ver a su alrededor más que su rostro; todo les habla de sí mismos. Hasta su paisaje está animado”(Karl Marx, 1845). 7. Efecto de automultiplicación interminable. Se consume y se agota en su propio gasto-compra. El destino turístico como zona erógena es parte del aparato somático de producción de placer y excitación. El pornoturismo es un destino objeto turístico que no satisface, sino que opera en la regulación del ciclo excitación-frustación-exitación. Gimnasia Pornoturística de autoreiteración infinita. Somos hormigas (paseantes) en una cinta de Möebius que no cesa: el mundo es un gran tour de viajes cual shopping center de fronteras abiertas. Pathos consumista/ Homo turisticus. Etnocentrismo que todo lo consume, lo devora y lo depreda, en el mismo acto de su accesibilidad y paga reiterada. Consumo de flujos, de destinos, consumo de coitos, consumo de objetos-mercancías, consumo de fetiches, de códigos y de informaciones, la era del turismo ampliado no es otra cosa que la amplitud de la escala geográfica global como zonas erógenas visitables-consumibles y desechables. Zonas de excitación turísticas, de fluctuación de gastos consumos. El Pornoturismo es también performance: una teatralización específica destinada a producir excitación. La industria turística no es otra cosa más que una gran puesta en escena: procesos de repetición regulados, representación pública y teatralización geocultural. 8. Topografía turística: “Lo que caracteriza a los actos y representaciones sexuales como lícitos o ilícitos no es su contenido, sino el lugar en el que estos se llevan a cabo” (Preciado, 2008:77). Ya desarrollada por Benjamin , la topografía política del Pornoturismo consiste en zonas erógenas precisamente calculadas y carentes de toda experiencia histórica. Si todo destino es consumible, las topografías pornoturísticas implican una retícula de espacios y flujos hiper-regulados y plenamente amnésicos de sí. Espacios que niegan su propia experiencia colectiva y vivencia del pasado, la topografía pornoturística que significa destinos a ser visitados se presenta como “novedad" constante. La topografía Pornoturística es la hiperregulación de la circulación de flujos, códigos y espacios de recorrida: cada día es más voráz cuanto imparable el marcado circuito LonelyHostellingPlanet. Es, en este sentido, la más completa antinomia y distopía realizada sobre el flaneur desarrollado por W. Benjamin y la teoría de la deriva de los Situacionistas. De paseante reconocedor de signos de consumo en el capitalismo industrial (Benjamin) al azar de la posible deriva (Situacionistas) el Pornoturismo implica el triunfo de la sobredeterminación . Puesto que, toda zona erógena cual destino turístico es una psicogeografía sobredeterminada (una gran guía turística que adjetiva los dónde, cuándo, cómo y cuántos), no hay cabida al azar ni al flaneur que se pasean sin rumbos fijos, sólo por el deambular mismo. El circuito está organizado de antemano. La micropolítica de las zonas erógenas del cuerpo turístico están diseñadas. (véase mapa). Distopía ya cumplida de la libre circulación total 9. Pornoturismo: las metáforas no provienen exclusivamente de la economía, política sino también del arte bélico, el científico estudio antropológico, la etnografía, la ficción política, la biología, la folletería comercial, la industria cultural, la contemporánea antropología cultural, literaturas y la biomedicina. 10. La promesa de verlo todo ”Todo comienza a verse con ojos –porno. Porque los ojos (nuestros ojos) siguen metabolizando la mediación de la imagen”. “Vivimos el triunfo absoluto de la visualidad: la promesa de verlo todo nos invade” R. Cippodromo.-”Mega Porno”- “es el propio hecho de que el mundo pueda convertirse en imagen lo que caracteriza la esencia de la Edad Moderna” Heidegger.- “La época de la imagen del mundo”- Todo objeto de interés es fotografiable y aquí la ecuación consiste en devenir fotografiable en tanto deseo de interés turístico. Efímero interés que se agota en sí mismo: en el campo visual y el disparar de la cámara es donde la economía del deseo pornoturística se realiza. Borrando la diferencias entre sujetos y objetos, el devenir fotográfico es deseo cosificador que no reconoce sujetos, objetos, espacios, culturas, relaciones, placas, monumentos, grafittis, localismos ni artificios, todo es visible, todo deviene fotografiable y, por entonces, imagen testimonio de esta o aquella visita. El testimonio funciona aquí como “botín de guerra”, en una economía y guerra abierta a la libre circulación total (ideología de la movilidad absoluta y libertad ideológica véase nota 6). La promesa de visibilidad pornoturística consiste en capturar una actualidad siempre pasada y corroída por la propia acelerada circulación de información -léase “Nuevos destinos visitables”.- Pues bien, “hacerse dueño del objeto” (y simultáneamente el correlativo deseo de fotografiarlo) y así también la tendencia de “acercar las cosas a uno mismo” son características del consumidor pornoturístico anónimo. Si el-la turistx japonés/a gozaba del monopolio fotográfico como modo de clishé turístico (grandes olas de fotógrafos, familias y orientales inundando todo destino turístico posible), el pornoturismo es hoy nuestro destino trágico que nos interpela a pesar del monopolio foto-nipón. En cualquier caso el monopolio oriental nipón asiático goza del mayor calibre sexográfico y fotofálico (tamaños de zooms y cámaras cual prótesis y dildos surtidos). Sin embargo, el pornoturismo es aquel modo social contemporáneo que dada la sobreexplotación del mismo, no reconoce un monopolio (una posesión o un enclave etnogeopolítico), sino que es un efecto a ejercitarse. Es por ello que el pornoturismo no debe reducirse solamente a una mirada (ocularcentrista por cierto, en otros términos, jerarquía visual en el diagrama corporal), sino a un vínculo social en y con el mundo, un efecto ontológico democráticamente compartido por todos. 11. Por ultimo el Pornoturismo es una clave fundamental de la homogeneización etnocéntrica en la llamada globalización de nuestro vernáculo tecnocapitalismo avanzado. El efecto “doppler Hostel” es propio del marco Pornoturístico. Cultura Hostel es sinónimo claro de homogeneización y globalización de valores culturales, sociales y simbólicos de una particular cultura sobre todos los espacios a donde se aloja-visita y secretamente se impone. Cultura etnocéntrica fundamentalmente norteamericana y europea. Cultura que goza de la neutralidad aparente y la comodidad del hábito mochilero Hick Hiking. Los contemporáneos debates sobre relativismo cultural, demografías culturales y dominio simbólico material son más que necesarios de plantear en la era del Pornoturismo avanzado. El tráfico de códigos Pornoturísticos no conlleva sino a una cultura pretendidamente Anglófona, Blanca, Adinerada (capitalizada en dólares o euros), Heteronormativa e Inocentemente Colonial. Ni más ni menos, el anglófobo “monologüismo del otro” es, a sabidas cuentas, la domesticación de las lenguas-culturas-mundos. Pues cultura, cualquiera sea, debe traducirse en clave monolingüística, en otros términos cultura pornoturística Angloparlante con una estética, un gusto, un habitus y cánones prefijados. Todo tour y destino posible está sujeto a la tarde o temprano cultura Occidental monolingüista; debe hablarse al menos en inglés para adquirir el estatus pornoturístico promocionable. 12. La guerra no esta perdida, al menos las fosas no están cavadas. Hay quizá otras representaciones y otras visiones de mundo que pueden practicarse y ejercitarse frente al Pornoturismo. Sino acaso véase los ejemplos de turismo social y ecológico de los pueblos mapuche en Patagonia y otros casos que con organización y autogestión valen la pena mencionar. Con la buena voluntad quizás no alcance para frenar los interminables ejércitos de turistas. Día a día nuevos turistas desembarcan en tierras prometidas, con sus propias promesas de turismo ético y espacios de “no turismo” que al fin y al cabo solo revierten su propia lógica. Mecanismo perverso de conquista neocolonial. El turismo sexual es la metáfora paradigmática de este oscuro engranaje Pornoturistico. Siendo éste ejercicio de la sexualidad en venta y del sexo como valor de cambio abstracto. Las alternativas al sexoturismo no son muchas, pero no por ello hemos de volver a condenar ni a los y las trabajadoras sexuales sino ensayar conjuntamente representaciones y formas del deseo, placer, excitación y frustración que atraviesen el valor de cambio abstracto (sexo dinero plusvalor). A ensayar nuevas coordenadas y mutaciones, en el barro de la historia, con los sexos de los cuerpos, desde los fluidos turísticos, exportando capitales y en la migración de nuestras miserias, de un lado al otro del globo….

Escribir bajo la presión de la guerra no es escribir sobre la guerra, sino en su horizonte y como si ella fuera la compañía con quién uno comparte su cama (admitiendo que ella te deje un sitio, un margen de libertad Maurice Blanchot - “La comunidad inconfesable”
Quizás de esto se trate el terrorismo que practico: cuando te estalla una granada en las manos, de seguro salpicarás a todxs por igual. Pornoterrorismo -“Manifiesto Carnívoro”
Ejércitos bien alimentados desembarcan a diario. El campo de batalla da señales de una larga contienda. Agazapados entre ruinas, se hallan los cadáveres de infinitas contiendas. Ciudades enteras son invadidas, sin derecho a reclamo alguno. No hay sublevaciones ni revueltas al invasor; hay, en cambio, bienvenidas más que cordiales.... Como el óxido que corroe el metal, el porno-turismo es el cáncer que habita nuestras geografías. Una guerra explícitamente declarada a cielo abierto. “Entonces empezaban los problemas. Los primeros capítulos del libro ilustraban a la perfección la maldición del turista, dedicado a la búsqueda desenfrenada de lugares no turísticos que su sola presencia contribuye a desacreditar, y empujando así a ir cada vez lejos en un proyecto cuya realización se rebela una y otra vez inútil. Esta situación sin esperanza, semejante a la del hombre que intentará huir de su sombra, era muy conocida en los medios turísticos(...)” M. Houellebec (2002) Inexorablemente, nos reconocemos traficantes del porno-turismo, ávidos consumidores de toxinas pornográficas y conscientes de nuestra identidad terrorista-turística. Éstas son nuestras coordenadas. Sin fronteras ni banderas, el ejército porno-turístico es la distopía contemporánea (ya realizada y jamás acabada). Porno-distopía destructiva que nos interpela como paseantes, turistas, vendedores, huéspedes, sicarios del consumo y de la guerra de precios. Infanterías de promociones, filas de descuentos, avanzadas de oportunidades. Atrás quedaron espacios inmaculados, territorios inhóspitos, la “naturaleza incontaminada”, islas desérticas, poblados ignotos y lugares desconocidos. El ejército porno-turístico todo devora, todo lo invade. Pues no se trata de víctimas ni vencedores, sino de aquella microscópica frontera de resistencia. “(…) el mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas (…)” (B. Preciado, 2008). ¿Es posible e imaginable una tregua en esta guerra declarada?. ¿Hay representaciones alternativas al porno-turismo? ¿Cómo ejercer un no-turismo cual práctica anti-terrorista? En esta retórica militar la victoria no es sólo inminente, sino que es un hecho del pasado. Parafraseando a S. Sontag (2008), podría decirse que el porno-turismo “es una mutación lograda”. Nuestro horizonte es pos-apocalíptico. El porno-turismo es completamente exitoso a su paso. El porno-turismo ya arrasó, “lo único que falta es el recuento de muertos” (S. Sontag, 2008). Esbozos para una Teoría del porno-turismo Aquí la noción de pornografía no pretende emitir un juicio moral o estético, sino simplemente identificar nuevas prácticas de consumo de la imagen suscitadas por nuevas técnicas de producción y distribución y, de paso, codificar un conjunto de relaciones inéditas entre imagen, placer, publicidad, privacidad y producción de subjetividad. Beatriz Preciado – “Pornotopía” ¿Qué es el porno-turismo? -Notas y apartados- 1. Haremos uso, en lo que sigue, del significante “Turismo” en una de sus posibles lecturas y efectos interpretativos. De este modo “la hermenéutica turística” consiste de aquel vínculo social extendido y generalizado, es decir de una visión de mundo interiorizada (Lebenswelt). 2.El turismo es migración “voluntaria” de información ( visual, económica, digital, financiera, corporal) y remite también a un horizonte social pornográfico. 3.El Turismo como terrorismo inevitable es el paradigma de producción por excelencia en el tecnocapitalismo avanzado. El Pornoturismo no es, explícitamente, el turismo sexual y el trabajo sexual ni las múltiples formas del trabajo sexual incitado turísticamente. Conforme avanza, la agencia turística es aquella forma de relación entablada en la violencia originaria del turismo (en su más cruda evidencia). Origen fuera de sí mismo esto es violencia no oculta ni matizada, violencia del ejercicio y efecto sobre las topografías, las geografías, las culturas, los espacios, los fluidos y los cuerpos (codificados como foráneos). 2. El Pornoturismo reconoce su principal antecedente en el cruce de los códigos normativos del porno , el turismo (los modernos tours operators y la megalómana industria turística) y activismo terrorista en cuyo suelo epistémico da lugar el régimen fármaco-pornográfico (o su más brillante paroxismo). Siendo el Pornoturismo un efecto hermenéutico, rizoma semiótico y estilístico del pronunciar irreverente de Beatríz Preciado. 3. ¿Pornografía? Anestesia de nuestros sentidos , sobre-exposición de los sentidos, codificación de las representaciones como mirada hiperfocalizada (consumo visual) y teatralización de “lo real”, es a todo ello que hace alusión la pornografía. El porno, al igual que el turismo, es intercambio migratorio de información (visual, económica, corporal) en la nueva economía financiero-digital. El eslogan de Robin Morgan es resignificado, entonces “la pornografía es la teoría, el pornoturismo la práctica”. 4. El Pornoturismo no se agota en un análisis crítico del discurso. Tampoco parece necesario hurgar demasiado en la regularidad de la ciencia estadística interrogando por caso la industria del turismo. El Pornoturismo es análisis de la representación y estamos hablando que incluye tráfico de referencias, de textos, de personas, de flujos, de prácticas, productos, técnicas e imágenes. 5. Asimismo esta herramienta es espacio del silencio y producción de ficciones retrospectivas, de invención del archivo inexistente. Las coordenadas Pornoturistas como análisis de las representaciones sólo acaban (y recomienzan) en su propia capacidad enunciativa. Puesto que el Pornoturismo no reconoce una genealogía y carece de historiografía propia, su enunciación como tal es condición de posibilidad de su existencia como “visión de mundo" distintivamente moderna. 6. El pornoturismo es la clara magnificencia de la libertad como ideología: libertad en tanto imperativo de consumo, libertad de gasto-consumo, infinita expansión de lo posible. La libertad como ideología y derecho civil (falsa posibilidad de todo). Ontología del ser en tanto cosificación. Será objeto consumible o no será, será destino turístico o no será. El mundo vuelto destino turístico, entonces objeto de consumo a obra y semejanza del homo sapiens sapiens. El viaje, la visita, la estadía, la movilidad turística hacen de toda topografía un devenir imagen del mundo-cosificación del mundo. No está de más señalar que esta imagen-espejo nos produce (reiteradamente) como reflejo y refracción: “Se podría decir que el mundo ya no es "ancho ni ajeno", (...), sino que es angosto y propio” (Tito Castillo, 2005). “Los hombres no pueden ver a su alrededor más que su rostro; todo les habla de sí mismos. Hasta su paisaje está animado”(Karl Marx, 1845). 7. Efecto de automultiplicación interminable. Se consume y se agota en su propio gasto-compra. El destino turístico como zona erógena es parte del aparato somático de producción de placer y excitación. El pornoturismo es un destino objeto turístico que no satisface, sino que opera en la regulación del ciclo excitación-frustación-exitación. Gimnasia Pornoturística de autoreiteración infinita. Somos hormigas (paseantes) en una cinta de Möebius que no cesa: el mundo es un gran tour de viajes cual shopping center de fronteras abiertas. Pathos consumista/ Homo turisticus. Etnocentrismo que todo lo consume, lo devora y lo depreda, en el mismo acto de su accesibilidad y paga reiterada. Consumo de flujos, de destinos, consumo de coitos, consumo de objetos-mercancías, consumo de fetiches, de códigos y de informaciones, la era del turismo ampliado no es otra cosa que la amplitud de la escala geográfica global como zonas erógenas visitables-consumibles y desechables. Zonas de excitación turísticas, de fluctuación de gastos consumos. El Pornoturismo es también performance: una teatralización específica destinada a producir excitación. La industria turística no es otra cosa más que una gran puesta en escena: procesos de repetición regulados, representación pública y teatralización geocultural. 8. Topografía turística: “Lo que caracteriza a los actos y representaciones sexuales como lícitos o ilícitos no es su contenido, sino el lugar en el que estos se llevan a cabo” (Preciado, 2008:77). Ya desarrollada por Benjamin , la topografía política del Pornoturismo consiste en zonas erógenas precisamente calculadas y carentes de toda experiencia histórica. Si todo destino es consumible, las topografías pornoturísticas implican una retícula de espacios y flujos hiper-regulados y plenamente amnésicos de sí. Espacios que niegan su propia experiencia colectiva y vivencia del pasado, la topografía pornoturística que significa destinos a ser visitados se presenta como “novedad" constante. La topografía Pornoturística es la hiperregulación de la circulación de flujos, códigos y espacios de recorrida: cada día es más voráz cuanto imparable el marcado circuito LonelyHostellingPlanet. Es, en este sentido, la más completa antinomia y distopía realizada sobre el flaneur desarrollado por W. Benjamin y la teoría de la deriva de los Situacionistas. De paseante reconocedor de signos de consumo en el capitalismo industrial (Benjamin) al azar de la posible deriva (Situacionistas) el Pornoturismo implica el triunfo de la sobredeterminación . Puesto que, toda zona erógena cual destino turístico es una psicogeografía sobredeterminada (una gran guía turística que adjetiva los dónde, cuándo, cómo y cuántos), no hay cabida al azar ni al flaneur que se pasean sin rumbos fijos, sólo por el deambular mismo. El circuito está organizado de antemano. La micropolítica de las zonas erógenas del cuerpo turístico están diseñadas. (véase mapa). Distopía ya cumplida de la libre circulación total 9. Pornoturismo: las metáforas no provienen exclusivamente de la economía, política sino también del arte bélico, el científico estudio antropológico, la etnografía, la ficción política, la biología, la folletería comercial, la industria cultural, la contemporánea antropología cultural, literaturas y la biomedicina. 10. La promesa de verlo todo ”Todo comienza a verse con ojos –porno. Porque los ojos (nuestros ojos) siguen metabolizando la mediación de la imagen”. “Vivimos el triunfo absoluto de la visualidad: la promesa de verlo todo nos invade” R. Cippodromo.-”Mega Porno”- “es el propio hecho de que el mundo pueda convertirse en imagen lo que caracteriza la esencia de la Edad Moderna” Heidegger.- “La época de la imagen del mundo”- Todo objeto de interés es fotografiable y aquí la ecuación consiste en devenir fotografiable en tanto deseo de interés turístico. Efímero interés que se agota en sí mismo: en el campo visual y el disparar de la cámara es donde la economía del deseo pornoturística se realiza. Borrando la diferencias entre sujetos y objetos, el devenir fotográfico es deseo cosificador que no reconoce sujetos, objetos, espacios, culturas, relaciones, placas, monumentos, grafittis, localismos ni artificios, todo es visible, todo deviene fotografiable y, por entonces, imagen testimonio de esta o aquella visita. El testimonio funciona aquí como “botín de guerra”, en una economía y guerra abierta a la libre circulación total (ideología de la movilidad absoluta y libertad ideológica véase nota 6). La promesa de visibilidad pornoturística consiste en capturar una actualidad siempre pasada y corroída por la propia acelerada circulación de información -léase “Nuevos destinos visitables”.- Pues bien, “hacerse dueño del objeto” (y simultáneamente el correlativo deseo de fotografiarlo) y así también la tendencia de “acercar las cosas a uno mismo” son características del consumidor pornoturístico anónimo. Si el-la turistx japonés/a gozaba del monopolio fotográfico como modo de clishé turístico (grandes olas de fotógrafos, familias y orientales inundando todo destino turístico posible), el pornoturismo es hoy nuestro destino trágico que nos interpela a pesar del monopolio foto-nipón. En cualquier caso el monopolio oriental nipón asiático goza del mayor calibre sexográfico y fotofálico (tamaños de zooms y cámaras cual prótesis y dildos surtidos). Sin embargo, el pornoturismo es aquel modo social contemporáneo que dada la sobreexplotación del mismo, no reconoce un monopolio (una posesión o un enclave etnogeopolítico), sino que es un efecto a ejercitarse. Es por ello que el pornoturismo no debe reducirse solamente a una mirada (ocularcentrista por cierto, en otros términos, jerarquía visual en el diagrama corporal), sino a un vínculo social en y con el mundo, un efecto ontológico democráticamente compartido por todos. 11. Por ultimo el Pornoturismo es una clave fundamental de la homogeneización etnocéntrica en la llamada globalización de nuestro vernáculo tecnocapitalismo avanzado. El efecto “doppler Hostel” es propio del marco Pornoturístico. Cultura Hostel es sinónimo claro de homogeneización y globalización de valores culturales, sociales y simbólicos de una particular cultura sobre todos los espacios a donde se aloja-visita y secretamente se impone. Cultura etnocéntrica fundamentalmente norteamericana y europea. Cultura que goza de la neutralidad aparente y la comodidad del hábito mochilero Hick Hiking. Los contemporáneos debates sobre relativismo cultural, demografías culturales y dominio simbólico material son más que necesarios de plantear en la era del Pornoturismo avanzado. El tráfico de códigos Pornoturísticos no conlleva sino a una cultura pretendidamente Anglófona, Blanca, Adinerada (capitalizada en dólares o euros), Heteronormativa e Inocentemente Colonial. Ni más ni menos, el anglófobo “monologüismo del otro” es, a sabidas cuentas, la domesticación de las lenguas-culturas-mundos. Pues cultura, cualquiera sea, debe traducirse en clave monolingüística, en otros términos cultura pornoturística Angloparlante con una estética, un gusto, un habitus y cánones prefijados. Todo tour y destino posible está sujeto a la tarde o temprano cultura Occidental monolingüista; debe hablarse al menos en inglés para adquirir el estatus pornoturístico promocionable. 12. La guerra no esta perdida, al menos las fosas no están cavadas. Hay quizá otras representaciones y otras visiones de mundo que pueden practicarse y ejercitarse frente al Pornoturismo. Sino acaso véase los ejemplos de turismo social y ecológico de los pueblos mapuche en Patagonia y otros casos que con organización y autogestión valen la pena mencionar. Con la buena voluntad quizás no alcance para frenar los interminables ejércitos de turistas. Día a día nuevos turistas desembarcan en tierras prometidas, con sus propias promesas de turismo ético y espacios de “no turismo” que al fin y al cabo solo revierten su propia lógica. Mecanismo perverso de conquista neocolonial. El turismo sexual es la metáfora paradigmática de este oscuro engranaje Pornoturistico. Siendo éste ejercicio de la sexualidad en venta y del sexo como valor de cambio abstracto. Las alternativas al sexoturismo no son muchas, pero no por ello hemos de volver a condenar ni a los y las trabajadoras sexuales sino ensayar conjuntamente representaciones y formas del deseo, placer, excitación y frustración que atraviesen el valor de cambio abstracto (sexo dinero plusvalor). A ensayar nuevas coordenadas y mutaciones, en el barro de la historia, con los sexos de los cuerpos, desde los fluidos turísticos, exportando capitales y en la migración de nuestras miserias, de un lado al otro del globo….
Martin De Mauro & Walter Ego 2013 Copyleft
Artículo publicado en Caja Muda N°1:
Aquí nació el turismo moderno
Se cumplen 150 años del primer 'tour' organizado de la historia a los Alpes
El número de viajeros superó los mil millones por primera vez en 2012
IKER SEISDEDOS Rigi Kulm 1 SEP 2013 - 00:55 CET13

Vista desde la cima del monte Rigi en Suiza, hito del primer viaje organizado de la historia, en 1863. / CARL & ANN PURCELI (CORBIS)
Podría recurrirse al tópico, pero sería faltar a la verdad. Y la verdad es que el discreto grupo que una grisácea mañana del fin de semana pasado se apeó del pintoresco trenecito de cremallera que trepa al monte Rigi desde Vitznau, a orillas del lago de Lucerna, no dio como para comenzar el reportaje con “las hordas de turistas invadieron la cumbre alpina”. Y eso que aquí fue donde empezó todo. Un verano de hace 150 años, los siete participantes del que se considera el primer viaje organizado de la historia contemplaron el legendario amanecer de este lugar de Suiza a 1.797 metros de altitud, destino final de su aventura. Aquella inspiración (de aire puro) se considera el nacimiento del turismo moderno. Desplazarse sin mayor intención que la de matar el tiempo libre resultaba todo un exotismo en 1863. La actividad se considera hoy en los países desarrollados poco menos que un derecho fundamental que ejercieron en 2012 por primera vez en la historia más de mil millones de personas, según datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT).
Aquellos pioneros, cuatro mujeres y tres hombres, viajaron de la mano del visionario operador turístico Thomas Cook. Hablamos de la persona, no de la célebre compañía multinacional homónima en que se convertiría la empresita de excursiones fundada por Cook en 1841. Un mastodonte que en 2013 cotiza en la Bolsa londinense, posee 97 aviones y emplea a casi 33.000 trabajadores. Los siete partieron de Londres el 26 de junio de 1863 junto a otros 123 viajeros. En tren, barco, diligencia, mula o a pie atravesaron Francia, vadearon lagos y sortearon cordilleras suizas hasta llegar el 8 de julio al monte Rigi. Por el camino (París, el Mont Blanc o Ginebra) cayeron del cartel la mayoría de sus compañeros, incluido Cook, que debió regresar a atender sus negocios en Londres.
Conquistaron a pie la última cumbre desde la cercana y encantadora localidad de Weggis, donde a orillas del lago una placa recuerda que Mark Twain pasó por aquí. En 1863 aún faltaban ocho años para la inauguración de la línea Vitznau-Rigi Kulm, cubierta por el primer tren de montaña de Europa, patente del suizo Niklaus Riggenbach. En la mañana que sucedió a su llegada, el grupo madrugó para contemplar rodeado, ellos sí, por “un ejército de turistas”, el ascenso del sol, que para eso habían venido atraídos por unas vistas que ya glosaron Felix Mendelssohn o Victor Hugo. “La vastedad del panorama era poderosa y sublime”, anotó Jemima Morrell. “En silencio contemplamos el cinturón dentado de las cumbres mientras despertaba el día sobre las 300 millas de montes, valles, lagos y pueblos que abarcaba nuestra vista”. La joven Morrell levantó acta de aquel viaje en las páginas de un diario que permanecería inédito hasta que fue rescatado de entre las ruinas de una casa víctima de las bombas durante el asedio de la aviación alemana a Londres en la II<TH>Guerra Mundial.
El descubrimiento del texto, publicado por primera vez en 1963 para conmemorar el centenario de la aventura, dio a Diccon Bewes, periodista inglés especializado en viajes y en las idiosincrasias suizas, la idea de escribir Slow train to Switzerland, libro en el que el autor reproduce día por día el pionero periplo. “La diferencia es que por suerte yo no vestía uno de aquellos engorrosos trajes de mujer de la época”, explica Bewes en conversación telefónica desde Berna, donde reside desde hace ocho años. El resultado de sus pesquisas se editará en octubre en inglés empujado por la inercia de la efeméride.
Bewes da por buena la teoría que sitúa en aquel verano de hace 150 años el origen de asuntos tan contemporáneos como la dictadura de apariencia democrática de las aerolíneas de bajo coste, esas pulseritas todo incluido que causan furor en la península del Yucatán o el turismohooligan, indeseada exportación de su país natal que al calor del estío arrasa con sus modales etílicos las localidades costeras del Mediterráneo. “Lo cual no deja de ser paradójico”, añade el reportero. “Cook, fundamentalista abstemio y viejo predicador baptista, creó su compañía para brindar a sus compatriotas una opción de tiempo libre alternativa a la de la borrachera”.
La particular revolución de Cook, que fracasó en su empeño de cambiar las costumbres de una nación de bebedores, consistió en ofrecer a cambio de un chelín viajes en tren con comida incluida entre las localidades inglesas de Leicester y Loughborough, visitas a la Exposición Mundial de Londres de 1851 o tempranas incursiones en el continente. Lo explica Paul Smith, guardián desde hace 17 años del archivo histórico de la compañía, custodiado en el cuartel general de la firma en Peterborough.
Con el hito del Rigi, Cook encapsuló en un formato asequible en tiempo y dinero la experiencia del Grand Tour, aquellos viajes iniciáticos en los que desde mediados del siglo XVII unos cuantos elegidos podían demorarse durante meses o años. En otras palabras: hizo posible que los profesionales surgidos con la Revolución Industrial fueran, vieran y regresaran a casa antes del final de las vacaciones laborales. La ecuación (clases medias con tiempo limitado y sed de aventuras) se ha mantenido invariable desde entonces. Al menos, en lo fundamental. Establecida su definición en los años veinte por la Sociedad de Naciones (“Turista es quien viaja al extranjero por más de 24 horas”) y matizada por la ONU en 1945 (“siempre que la estancia no supere los seis meses”) llegaron los adjetivos. Y así, a medida que el siglo XX se aproximaba a su fin, el turismo pudo ser de masas o sostenible. Médico, ecológico, sexual y hasta creativo.
Olvidadas las glorias del pasado que dan sentido a la labor del archivero Smith, Thomas Cook se enfrenta hoy al mismo entorno cambiante que el resto de la industria tradicional: la posibilidad de que cualquiera con una conexión a Internet sea su propio agente de viajes, el descarnado escrutinio de las opiniones vertidas en portales como Trip Advisor o la pujanza de servicios de hostelería de último cuño como esos que ponen en contacto a aventureros de presupuesto limitado con propietarios deseosos de sacar partido a aquella habitación de la casa que languidecía en desuso.
Rafael Gallego Nadal, presidente de la Confederación Española de Agencias de Viajes, explica que en los últimos cuatro años han cerrado 2.000 puntos de venta en España, “pero aún resisten más del doble de las que había cuando se generalizó Internet, por lo que la Red no acabó con el negocio, como vaticinaban muchos”. “Yo suelo decir que este es un enfermo que goza de buena salud. Y la tendrá mejor si tendemos a la especialización, si nos convertimos en sastres de los viajes y somos capaces de dar al cliente lo que necesita”.
Tampoco la Suiza de entonces se parecía a la de ahora. Cuando la señorita Morrell y los suyos la escogieron como destino, la Confederación Helvética era un país pobre, eminentemente campesino, donde los extranjeros padecían el asedio de la limosna. Resultaba, eso también, el colmo del exotismo. Un poderoso imán para pintores y escritores románticos como Mary Shelley, que empezó a escribirFrankenstein en 1817 en casa de Lord Byron a orillas del lago Leman, en la parte francesa. Pero ni los trenes funcionaban aún con milimétrica precisión, ni existía la poderosa industria de relojes, ni mucho menos la evasión fiscal. “La generalización del turismo ayudó a forjar la moderna Suiza”, sentencia Bewes.
En datos de 2011, la turística es la cuarta industria del país, por detrás de la farmacéutica, la pesada y la manufactura de relojes, aunque la fortaleza de su divisa y la debilidad macroeconómica generalizada no ayuden mucho a su progreso últimamente. No hay demasiado de lo que preocuparse: la dependencia de las cuentas suizas de las decisiones vacacionales ajenas es menor que la de España, por ejemplo, donde los datos sobre llegadas de extranjeros en julio han supuesto este verano lo más parecido a una buena noticia económica, sobre todo en las comunidades costeras, que han experimentado incrementos de visitantes de hasta el 8,5% con respecto al mismo periodo de 2012.
La España que se equivocó al apostar todo a las falsas promesas del ladrillo es aún la cuarta potencia mundial en recepción de viajeros, por detrás de Francia, EE UU y China. Suiza, pese a que sigue siendo el único país cuyo souvenir estrella es una navaja multiuso capaz de sacarte de un apuro, ocupa el puesto 19, según la OMT. Su presidente, Taleb Rifai, ha declarado que 2013, tan convulso para destinos rivales como Egipto y Turquía, podría ser el año en que España recobre el tercer puesto de la lista, que el gigante asiático le arrebató en 2010. El organismo que dirige ha vaticinado también que en 2030 habrá 1.800 millones de turistas corriendo por el mundo. Suena plausible: los incrementos en las estadísticas manejadas por la OMT son exponenciales desde mediados de los noventa, gracias a la generalización de la aviación low cost, y pese al paréntesis de pánico que impusieron los atentados del 11-S.
Ajeno a las tendencias y la contabilidad, se erige en lo alto de la montaña Rigi el hotel del mismo nombre como otra prueba de cuánto han cambiado las costumbres viajeras en estos 150 años. Hubo un tiempo en que el negocio de los peregrinos a este paraíso de quietud daba para mantener tres establecimientos, que sumaban casi un millar de camas. Christina Käppeli, hija y nieta de hoteleros en la cumbre, propietaria del único alojamiento que superó el examen del progreso, explica que la plena ocupación de sus treinta y tantas habitaciones solo se roza en temporada alta.
Lejos quedan, pues, los tiempos en los que este lugar era tan célebre como para que Julio Camba, escéptico maestro pontevedrés de periodistas, escribiera en su libro de 1916 Playas, ciudades y montañas(Reino de Cordelia) que “en los hoteles suizos casi no le roban a uno, y si por casualidad le roban, no le roban más que lo justo”. “Así, por ejemplo, en el del Rigi Kulm le ponen a uno en cuenta el crepúsculo matutino, que, según parece, es allí muy hermoso”.
Como es imposible saber qué tendría que decir Camba de esta época vertiginosa en la que un clic es la medida de todas las cosas viajeras, formularemos una pregunta a modo de conclusión: ¿cuántos de los que hoy encontrarían sentido a emplear una mañana entera en tomar un barco desde la cercana Lucerna y luego un tren de vértigo para llegar aquí consideraría pasar la noche esperando al amanecer algo más que una obscena pérdida de tiempo?
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