Marx en Japón

Japón redescubre a Marx: Herder publica el manga de “El Capital”
Hace apenas un mes, Herder publicaba la versión manga de El contrato social de Rousseau. Antes siquiera de haber podido entrar en la página de la editorial barcelonesa para curiosear los títulos de próxima aparición, nos sorprenden con la edición de un nuevo volumen de esta apasionante colección que, en tiempos de vacas flacas en la industria editoral, ha reunido a un público fiel y variopinto que pide más y más títulos.
Esta vez se han atrevido con un clásico de la economía y filosofía política: nada más y nada menos que El Capital de Marx, cuya versión original reúne ocho generosos volúmenes. La empresa, como el lector supondrá, es ambiciosa. ¿Cómo compendiar y ofrecer una interpretación fidedigna y rigurosa -pero igualmente accesible y entretenida- en formato cómic de una obra tan extensa?
Lo cierto es que este manga, el más prolijo de los hasta ahora publicados por Herder (¡casi 400 páginas! -a un precio asequible para todos los bolsillos, 14,90 euros-) lo consigue amplia y generosamente. Y es que Marx está de moda, si cabe emplear esta expresión. Hace tan sólo unos días os recomendaba la edición de los Artículos periodísticos del genio alemán que Alba acaba de publicar.
El proceso capitalista de producción, considerado en su conjunto, o como proceso de reproducción, no sólo produce, pues, mercancía, no sólo plusvalía, sino que produce y reproduce la propia relación del capital: de un lado, el capitalista; de otro, el obrero asalariado.
Marx, El Capital, Cap. XXI, Libro I, Sección VII
El manga de El Capital incluye dos partes bien diferenciadas. Cada una de ellas encierra sus propios atractivos. En la primera, de carácter novelístico, se narra la historia de un joven quesero que decide ampliar horizontes gracias a la inversión que le propone un incipiente capitalista -en vista, como se puede suponer, del interés que los productos de aquél suscitan en el mercado donde habitualmente vende su mercancía-. El joven, inocente e inexperto -incapaz de prever los ardides del avispado accionista-, habrá de enfrentarse a los intrincados vericuetos que su progresiva ansia de poder y riqueza le someten, mientras observa cómo los obreros de su fábrica comienzan a pasar penalidades mientras él, paulatinamente, se llena los bolsillos.
Como explicaba Marx en uno de los capítulos más apasionantes de El Capital (XXIV, libro I, sección séptima), que lleva por título “La llamada acumulación originaria“:
En la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la escolarización, el robo y el asesinato, en una palabra, la violencia. En la dulce economía política, por el contrario, reinó desde siempre el idilio. El derecho y el “trabajo” fueron de siempre los únicos medios de enriquecimiento.
Es decir, que mientras los capitalistas (así como los historiadores que bajo su égida escriben e interpretan el devenir del mundo) no dudan en asegurar que sus medios son más que “legítimos”, puesto que no se valen más que de la fuerza de trabajo que los obreros ofertan, lo que en realidad crean las relaciones capitalistas son conflictos sociales, desigualdades y, en definitiva, aquella “violencia” a la que se refiere Marx. Como él mismo apunta:
Para transformar el dinero en capital no basta con la existencia de producción de mercancías y circulación de las mismas. Tenían que enfrentarse [...] de un lado, el poseedor de medios de producción y de subsistencia; de otro, el poseedor de nada más que fuerza de trabajo. La disociación entre el producto del trabajo y del trabajo mismo, entre las condiciones objetivas de trabajo y la fuerza subjetiva de trabajo fue, pues, la base realmente dada, el punto de partida, del proceso capitalista de producción.
El manga de Herder ilustra tal disociación de manera magnífica, a través de una historia -carente de desfallecimientos y repleta de interesantes matices- que presenta las incómodas relaciones que el capitalismo trae consigo y de las que, a veces sin querer, somos víctimas.
En la segunda parte del volumen aparece un simpático Engels, que servirá al lector de cicerone durante más de doscientas páginas. El hilo narrativo de la primera sigue su curso, pero las explicaciones del colega y colaborador de Marx facilitarán la comprensión del fondo teórico que subyace a la historia.
No perdáis la ocasión de reencontraros en este volumen (aderezado por la magia exótica tan propia del manga) con una de las figuras clave del pensamiento filosófico del XIX que tanto tiene que decirnos casi siglo y medio después de su muerte. Una lectura al alcance de todos los públicos pero que, al igual que en el caso del resto de mangas que componen esta irrenunciable colección de Herder, combina el buen hacer de los fantásticos dibujantes e ingeniosos guionistas con el rigor de las obras en las que se basan.
Mangas Herder

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