Desvaríos sobre la marcha del orgullo y la diversidad Córdoba 2009



Sobre aquello que no da orgullo y le falta diversidad
-Sobre el acontecimiento estético político y la sociedad del espectáculo-

En estos días resuenan ecos de entusiasmo alrededor de la multitudinaria convocatoria de la Marcha del orgullo y la diversidad en Córdoba Capital. En un clima de sequía política y de simultánea efervescencia (mesiánica quizás) en materia derechos y reivindicaciones, la marcha significa una llovizna refrescante y un arcoíris en las maciza calles del cemento cordobés. Entre la espada y la pared la movilización en tierras mediterráneas se divide entre el federalismo LGTBI y el centralismo porteño difícil de convidar, es decir de contagiar la magnitud de la cabeza de Goliat que significa Capital Federal y sus ramificaciones militantes (como efemérides el impacto de la última marcha del orgullo en la reina del plata: ¿el imperio rosa atiende en Buenos Aires?). El apoyo de distintas organizaciones con sus militantes for export desde provincias vecinas habla de una agenda federal que en simultáneo atiende en el congreso y la cámara nacional pareciera.
 

Quizás un aspecto que hace a la hermenéutica de aquello que se interpreta como Orgullo Gay son los cuerpos-deseos-placeres-prácticas sexuales que hacen a la diversidad misma. Por una lado la visión gay Frendly, aquellos lentes opacos (quizás empañados de misoginia, falocentrismo o simplemente binarismos de concreto) que solo visibilizan personas Lesbianas y Gays, a lo sumo Bisexuales (sean estos intermedios entre su salida y entrada intermitente del closet). Lo que posiblemente sea una pregunta sin sentido es de por sí una contradicción en sus términos, cuando se dice Marcha del Orgullo y la Diversidad, se piensa la diversidad como Orgullo Gay, la diversidad aquella en sentido general (y por equivalente diversidad universal vacía de contenido) es la ontología de la diferencia sexual y solo ello: cuerpos masculinos y femeninos, a lo sumo la interacción de los mismos. En este sentido, el orgullo Gay puede entenderse como visibilidad de prácticas e identidades sexuales, vale recordarlo visibilidad salida del closet y mirada binarista, de allí que la salida se acompañe de un ímpetu integracionista, la ecuación Orgullo y diversidad gay será entonces salir-visibilizarse-integrarse. Pero agudizando la mirada y para desempañar estos lentes de interpretación Gay Frendly apenas puede levantarse la visión y reconocer aquello que es constitutivo de la Diversidad misma: cuerpos que no aparecen como visibles sino como imposibles y como tal inexistentes. Ni masculinos ni femeninos, ni Gay ni Lesbianos, Transex, Intersex, Travestis, Trans Maculinos y femeninos, Lesbianas con Falo, Gays sin Falo, Trans Lesbianos, Trans Gays, DragKings, Transformitas, Transformers y transcósmicos. Diversidad de identidades de género, diversidades de cuerpos sexuados y asexuados, deseos ambigüos y precisos. En esta dialéctica imposible se constituye la misma diversidad, sobre la existencia visible (en la corporalidad física-material y cartográfica de la marcha, de los cuerpos ahí) de estas personas. Si aquellos comentarios festejan la diversidad por la presencia de la diversidad misma (“que bueno cuanta gente tan distinta que había, eso es la diversidad”), ¿es que acaso no hubo diversidad en el origen, existe alguna referencia originario, un punto de inicio cero? ¿No habían personas trans desde antes, durante y después de alguna reivindicación Gay? ¿Dónde se ubica la pureza del Orgullo Gay-Lésbico, aquella transparencia identitaria que define las aguas y marca cuerpos como diversos y no diversos?.

Otro aspecto que reclama existencia y no visibilidad, porque ya existen porque ya están visibles antes de que se reclame su propia salida pública, es la carne clasista y la intensidad étnica. Si el orgullo y la diversidad es en sí mismo un global universalizante y heterógeneo por principio institutivo, la variante de clase y étnica hizo a la marcha misma un nudo de vínculos entre mundos paralelos. Las personas trans que quizás sufran más de cerca, tan de cerca que es indesconstructible la materialidad de sus carnes clasistas y significativamentes étnicas, hacen a otra visibilidad y existencia en la diversidad: cuerpos desclazados, cuerpos muy poco Frendlys a esta mirada asimilacionista, cuerpos molestos a la retina binarista y a priori blanca culta middle class. La diversidad se abre paso en consecuencia, desde estas coordenadas, esta dialéctica imposible, y este universal abstracto (‘diversidad’) que se llena de contenido en cuerpos-ahí en su materialidad en presencia, una presencia que es visibilidad previa reconocida y desconocida por el significante hegemónico Gay-Lésbico (donde la masculinidad inclusive es prioritaria sobre la femeinidad homo) que de no de-construirse pasa por lo dado, lo natural y lo socialmente aceptable. La politicidad sexo genérica (la marcha del orgullo y la diversidad como acontecimiento estético político) se juega en esta igualdad desequilibrada de visibilizar aquello ya existente y la materialidad de cuerpos ya imposibles, en todo caso de una igualdad en la visibilización de lo oculto y posible de ser integrado, y lo imposible e invisible de aparecer que deja huellas, que es presencia asimilable.

Copyleft 2009 / WalterEgo, Juliet Rucovsky y Martin De Mauro

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