Porno Total

Nuevas narrativas en torno al más allá del Porno
De nuevo Cipodromo, de nuevo porno/posporno, de nuevo dicotomia tech/postech, de nuevo apologia tecnopornogràfica/apologia despolitizante, ¿se puede pensar sobre la barra que separa este planteo maniqueo? Es decir, ¿cuales son las condiciones de posibilidad de estas mismas exclusiones?.
¿Puede todavía mencionarse el sustantivo y el adjetivo contiguo de cuerpo oprimido.
¿Es posible, a pesar, aùn y sobre ello (escenario pos, zona proliferante), y me refiero a
las mùltiples, concavas y convexas contemporàneas narrativas sobre la corporalidad
y el porno? ¿puede recordarse el cuerpo, puede mencionarse la opresiòn, podemos hablar aùn si quiera de industria porno? . De ser posible una respuesta, un esbozo de enunciado afirmativo,
¿ cual serà entonces la nueva narrativa, la tecnopolìtica de los cuerpos pos-pornogràficos ? (los guiones heidegeerianos y el espacio entre juegan en contra: en contra de la semàntica que no acusa recibo de sus propios giros linguìsticos ni de sus ausencias metafìsicas).
¿La apologìa a la enriquecedora arena de narrativas, de nuevas corporalidades porno, no despolitiza los cuerpos acaso? Y esto ocurre porque calla sobre su propia explicacion, hace aguas sobre sus propias condiciones de representacion performaticas: a no olvidar, ¿es la induistria porno, es la representacion porno una estelistica sexista? ¿ es una estètica que objetiva aquello mismo que desnuda y expone?
¿Son estas preguntas viejas lìneas de debates fuera del campo de las nuevas narrativas tecnocorporales?.
Pienso en la pornografia sexista y esclavista, pienso en las modernas formas de prostitucion, pienso en los regìmenes de visiòn que no se hibridan, pienso en una im-posible pospornografìa fuera de los enclaves objetivantes (sexistas), mercantilistas (sexo-producto-consumo) y
nuestras màs repulsivas formas de esclavitud S.XXI (la trata de blancas).
¿Podemos preguntarnos por estas variables (sean ligadas, sean no ligadas) en, sobre y con la pornografìa? ¿Cuales son las mejores ficciones que podemos empuñar frente a estas ortodoxas pornografìas?

Copyleft 2009 / WalterEgo y Martin De Mauro


¿Evolución del porno?
Es una sensación extraña y por momentos bastante contradictoria: mientras aumentan las quejas por el default narrativo del género (caída en la que muchos diagnostican su decadencia), en su ¿antítesis? la dimensión porno exhortada por Baudrillard (ese obsceno éxtasis de la información y la comunicación, “pornografía de los circuitos y las redes, de las funciones y objetos en su legibilidad, fluidez y disponibilidad”) no deja de sobredimensionarse.

¿Dije antítesis? No, no se trata de dialéctica. Sino de planos contiguos que se intermodifican sin pausa.

Porno y Tecnología: la multiplicación del malestar en la cultura.
El peor reflejo es responder con ironía, cinismo o (falsa) perplejidad.
El Apocalipsis, mis queridos, pasó de moda.

Es evidente, el porno evoluciona y muta, pero ¿de qué modo? ¿Cuál es su dinámica? ¿Cómo avanza en una época en la que la cultura parece centrifugarse cada vez más en su batalla contra o a favor del entretenimiento?

¿Qué relaciones establecen en este escenario las formas de definirse del porno y sus contexto?

Observemos el escenario: por lo pronto proliferan en la web sinopsis de la progresión pornotecnológica (el porno de la tecnología y la tecnología del porno, yin y yang), simultáneamente a las voces de alarma por el colapso de las redes 3G en Japón debido a las descargas de películas condicionadas.
¡Pero si Alex de la Iglesia, inminente académico, también baja películas porno!
Menos aún debería sorprender que celebradísimas pornostars incursionen en la escritura twitter.

Porno cada vez más como sinónimo de ubicuo. Hoy mismo, abriendo el portal de Youtube nos encontramos con una entrevista de la estrella pop Lady GaGa en Malaga promocionándose desde la imaginería porno, la misma que Kevin Smith transforma en comedia con su última producción ¿Hacemos una porno? (Zach and Miri Make a Porno).

Insistamos con Baudrillard: caminamos por lo que quedó después de la orgía.

Pornografía es el nombre que le dieron a esa zona extraña en que el caos subsiste en el interior del orden” (Walter Kendrick). La cita fue utilizada por el antropólogo Bernard Arcand, para introducirnos en un ejercicio de coordenadas en este caos que precipitadamente se debora lo que quedaba de orden.

Es posible contar el nacimiento de la pornografía de al menos dos maneras que no son históricamente del todo concordantes. Se la puede tratar como una etiqueta, es decir como un reconocimiento social, y hacer la historia del uso de la palabra, o definir las características principales del fenómeno para luego situar su emergencia”.

En un caso y otro ¿no estamos frente a un mapeo de las diferentes configuraciones de dos términos-continente como intimidad e información?

En un posteo anterior husmeamos en las “definiciones activas” sobre el porno en el trabajo teórico y en las prácticas militantes: una vez más, la era de los imparables prefijos. Del post-porno al cyber-porno y de ellos al trans-porno.
No es este el momento de realizar una genealogía cultural de la palabra porno.

Tampoco sobre el soporte, aunque quizás, si de genealogías se trata, no serían inadecuadas unas palabras sobre El Satario, presuntamente la primera película porno de la historia –circa 1908- filmada en Quilmes, así como la cruzada para impedir las bajadas porno en los iPhones. Pero lo dejo para otro momento. Quiero centrarme, con unas pocas líneas, en otro escorzo.

Primero, el porno se resemantiza. Wikipedia, recopilando materiales de la web, nos aporta nuevos materiales sobre la estratégica biografía de la pornostar existencialista Sasha Grey, que rebasa por completo el control de identidad:

“En mayo de 2006, Grey se mudó a Los Ángeles y comenzó su carrera en películas para adultos justo después de cumplir 18 años. Originalmente ella barajó el nombre Anna Karina (el nombre de la ex esposa de Jean-Luc Godard) antes de decidirse por su actual nombre artístico.

Ella declaró que el nombre "Sasha" fue tomado por Sascha Konietzko del grupo KMFDM, mientras que "Grey" representa la novela de Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray y la escala de Kinsey de la sexualidad.”
¿Teoría artística en el porno a los 18 años?
En el número 14 de la revista Otra Parte, Pablo Schanton analizó las tácticas de construcción de la identidad pop de Bob Dylan a Britney Spears ¿estos ejemplos no tienen un regusto ingenuo frente a la alambicada reconfiguración porno de Grey? Hasta parecería cándido insistir en que Francis Ford Coppola también incursionó tempranamente en el género.

Vivimos en tiempos definidos por las Online Communities (Brea dixit). Si las estrellas porno de última generación proponen mediante un complejo constructo, también los usuarios de mundos virtuales manipulan el porno jugando con imaginarios propios de la ciencia ficción más arty.

En otra ocasión escribí sobre un proyecto inscripto en Second Life como Space Colony Necronom IV: el porno según H. R. Giger manipulado por usuarios del metaverso. ¿Cómo definir esta experiencia pornográfica en red con cuerpos de diseño y citas eruditas que ya tiene su no módica tradición?

¿No resulta por lo menos inconveniente –por no decir desfasado- referirnos a la pornografía sin tomar nota sobre cómo el obsceno éxtasis de la información reconfigura los modos en los que entendemos la identidad?

Nunca como ahora el porno anfibio nos dispara tantos ejemplos inexcusables.

Publicado originalmente por Rafael Cippolini

viernes 10 de julio de 2009

en http://cippodromo.blogspot.com/

Comentarios

  1. Hola Walter Ego

    ¿Barra?
    Un prefijo no es una barra tipográfica. Y por lo tanto mucho menos un planteo maniqueo.
    Veamos.
    El post-porno es una utilización artístico-activista que se hace del género. El cyber-porno señala el soporte y la circulación, y en la mayoría de los casos también la producción de las imágenes.
    El trans-porno refiere a una suerte de metáfora de uso (el porno más allá del porno, atravesando otras presencias).
    En todo caso se trata de una topología, pero nunca de una exclusión.
    ¿Cuerpo oprimido? El cuerpo es una condición clave y obvia del porno, pero no la opresión. En todo caso será una prerrogativa de ciertos espectadores.
    En el porno, un cuerpo puede estar o no oprimido. Generalmente no lo está.
    Las narrativas porno existen, claro, pero ¿son interesantes? En todo caso puede ser interesante la lectura que se haga sobre ellas.
    En cuanto a si existe la industria porno, por supuesto que sí, y por lo tanto podemos hablar de ella.
    No creo que existan cuerpos post-pornográficos por fuera del género post-porno. En todo caso, el post-porno es una un recorte de lectura realizado desde el activismo artístico. su vinculación con la tecnología no es distinta a la de ningún otro fenómeno estético.
    En cuanto a las trata de blancas, es un problema mayor que va más allá del género. ¿La estética es eficaz en generar antídotos?
    Creo que la cuestión es lo suficientemente grave como para tomar otras cartas en el asunto.

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  2. Nos seguimos preguntando: es el pos-porno sòlo una estètica màs entre otros genero? es posible separar (sea barra, sea prefijo o sufijo)el porno de la industria porno?. Es decir,nos referimos a la distincion, no menor y creemos central entre produccion, uso y consumo. No se trata solo de la estètica industrial del porno, sino del porno como estètica producida por una industria, y como bien sabemos deseo, uso y consumo no son independientes a su fabricacion tecnocapitalista. Para ser màs claros aùn, creemos que el optimismo estètico artìstico de porno, el pos porno no son escindibles de sus efectos biopolìticos sobre los cuerpos, sobre los cuerpos deseados ni los cuerpos deseantes (espectadores) productos ambos de la mediacion industrial, y tamañan industria (la segunda o tercera industria en USA que compite con Holliwod y la industria belicista).
    De nuevo con terca insistencia, podemos seguir pensando estos interiores constitutivos del porno: cuerpos espectadores y consumidores, cuerpos fetichizados vueltos objetos (el sexismo empieza aquì: el cuerpo femenino en el centro del porno). Hay una ortodoxia del porno que podemos separar, que podemos resignificar artìstica y estilìsticamente, pero allì es donde comienza lo que no explica el posporno: sus efectos biopolìticos, sus consecuencias en el microdeseo capistalista, en la economìa de flujos. La trata de blancas serà un caso mucho màs denso en la gramàtica de los cuerpos: pero para meter en la bolsa mucha màs aristas, la trata nos erà acaso tambièn un efecto no deseado de los cuerpos deseantes de objetos femeninos, de productos porno, de mercancìas porno mujeres.
    El porno como estètica es el fetiche de la mercancìa mujer, de aquella biotecnologìa que constituye socioculturalemente a la mujer como objeto (fetiche) de deseo y consumo, que la instituye como mercancìa, como fuerza de trabajo alienada y en el caso de la trata de blancas, en fuerza de trabajo esclava. No hay acaso esclavitud en las representaciones y performances porno, no hay acaso un deseo hombre detràs de una y cada una de sus variantes.
    Cippo disculpe mi neo ortodoxia pero nos surgen inevitables en estas nuevas narrativas, en estas viejas representaciones que tienen sus efectos performaivos en aquellos cuerpos que se muestran, en los cuerpos porno...
    saludos,
    WalterEgo y Martin De Mauro

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