Leo Masliah - El concierto by user3405853
(dedicado a las orquestas sinfónicas de acà de allà del mundo, a Enrico Pedicone sinfónico, a M.L. (verde))
El Concierto
Era un concierto de música culta
y renacían las fuerzas ocultas
de los antiguos maestros geniales,
de los eternos, de los inmortales.
Era un concierto, era el goce más fino,
era un contacto con algo divino.
Era solemne, era casi sagrado,
era un placer de lo más elevado.
Flautas, violines, trompetas, platillos,
sonaban entre corbatas, anillos,
entre bolsillos rellenos de plata,
entre las llaves de algún colachata.
Entre collares, pelucas, colgantes,
entre tapados de piel, entre guantes;
entre abogados, algun escribano,
y dos o tres profesoras de piano.
La gente oía con mucho entusiasmo,
estaban todos al borde del pasmo,
es que la musica seria, la fina,
le pone a uno la piel de gallina.
Era profundo, era algo sublime,
decime vos si no es cierto, decime,
si el director a pesar de ser joven,
¿no era la imagen del propio Beethoven?.
Era el Edén para los que asistían,
sonaba justo ellos querían,
sonaba tan culto, tan elevado,
que tubo un triste, fatal resultado,
porque de a poco la gente ascendía,
bajo el efecto del arte subía,
iban en busqueda de la altura,
correspondiente a esa música pura.
Y las butaca quedaron vacías,
toda la gente subía y subía,
siempre más alto en el aire tomado
por arte supremo elevado,
mientras la orquesta seguía tocando,
toda la gente se iba estrellando.
casi a la vez la cabeza en el techo,
quedaban todos los craneos desechos.
Y por la fuerza de los cabezazos,
se fué callendo el teatro a pedazos,
toda la orquesta quedó sepultada,
quedó enterrada, quedó mutilada,
y los oyentes seguían sin pausa,
subiendo pero ya por otra causa,
ya no era el arte el que los elevaba,
era la muerte que se los llevaba.
El Concierto
Era un concierto de música culta
y renacían las fuerzas ocultas
de los antiguos maestros geniales,
de los eternos, de los inmortales.
Era un concierto, era el goce más fino,
era un contacto con algo divino.
Era solemne, era casi sagrado,
era un placer de lo más elevado.
Flautas, violines, trompetas, platillos,
sonaban entre corbatas, anillos,
entre bolsillos rellenos de plata,
entre las llaves de algún colachata.
Entre collares, pelucas, colgantes,
entre tapados de piel, entre guantes;
entre abogados, algun escribano,
y dos o tres profesoras de piano.
La gente oía con mucho entusiasmo,
estaban todos al borde del pasmo,
es que la musica seria, la fina,
le pone a uno la piel de gallina.
Era profundo, era algo sublime,
decime vos si no es cierto, decime,
si el director a pesar de ser joven,
¿no era la imagen del propio Beethoven?.
Era el Edén para los que asistían,
sonaba justo ellos querían,
sonaba tan culto, tan elevado,
que tubo un triste, fatal resultado,
porque de a poco la gente ascendía,
bajo el efecto del arte subía,
iban en busqueda de la altura,
correspondiente a esa música pura.
Y las butaca quedaron vacías,
toda la gente subía y subía,
siempre más alto en el aire tomado
por arte supremo elevado,
mientras la orquesta seguía tocando,
toda la gente se iba estrellando.
casi a la vez la cabeza en el techo,
quedaban todos los craneos desechos.
Y por la fuerza de los cabezazos,
se fué callendo el teatro a pedazos,
toda la orquesta quedó sepultada,
quedó enterrada, quedó mutilada,
y los oyentes seguían sin pausa,
subiendo pero ya por otra causa,
ya no era el arte el que los elevaba,
era la muerte que se los llevaba.


Comentarios
Publicar un comentario