Lo besé, lo besé mucho. Le saqué la ropa, bajé la mano, la poronga le explotaba, bajé la cabeza, le puse un forro, se la empecé a chupar, después me la chupó él, se sentó arriba mío, me hizo volar de la calentura, me puse un forro, lo cogí mientras se la bombeaba. Acabé.
No quise fumarme uno, tampoco tomar otra cerveza, busqué mi ropa y le dije que me iba.
La noche estaba hermosa, me fui caminando, feliz, contento, orgulloso de lo copado que soy, que hasta cojo con flacos que tienen el sida.
Por Santiago Abel

Comentarios
Publicar un comentario