musicalidad para las soledades: el que da la muerte es el publico
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Arena comienza - y se acompasa a intervalos regulares- con grandes imagenes filmadas de ese "anillo de rostros", ese "muro de hombres", muro de soledades donde cada cual se experimenta a si mismo mirando a la muerte de frente, de perfil, de tres cuartos, con lentitudes inexorables y precipitaciones inconcebibles. Pedro G. Romero ha montado ese archivo de multitudes tauromaquicas con planos cortos en los que se puede ver a Israel Galvan sentado, soñador, en los tendidos de la plaza - la Maestranza, claro- junto a Enrique Morente sin el menor rumor de fondo. Viene a ser un contrapunto delicadamente compuesto entre ritmo de la masa "palpitante" o "ritmica" -una de sus propiedades esenciales, según Elias Canetti (en Masa y Poder)- y la arida expansion solitaria del cante jondo. Porque utiliza rigurosamente la lidia de toros como paradigma ritmico -y no como tema iconografico, de ahi la ausencia de los sempiternos accesorios, a menudo grotescos en una escena de teatro, tipo de astas de toro, espada, muleta o traje de luces-, la obra de Israel Galvan y de Pedro G. Romero se propone ante todo construir una musicalidad para las situaciones del ruedo: una musicalidad para las soledades reunidas en el "anillo de rostros" y la arena del enfrentamiento.
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