MI GENERACIÓN


Mi generación
se sentó en el borde del océano
esperando que la marea trajera algo.

Mi generación
se pobló de borrachos y de chicos que toman pastillas,
de payasos crudos y de cubrecamas
manchadas con los sueños de neón de los adictos a la cocaína.
Me refiero
a las visiones inundadas de diamantes de las chicas hermosas
que transpiran balas, purpurina y Chanel.
Me refiero
a las que viven endeudadas
para comprar latas de falsos bronceadores.
Me refiero
a las que dejaron la escuela para ponerse colágeno
queriendo coger con hombres de la generación Y
con el cuello levantado y tatuajes de Copycat,
con contratos en el fútbol y mandíbulas cuadradas,
querido correr
en caballos de anfetamina y Porsches rojos
hasta los boliches
cuya fecha de vencimiento termina
justo
ahora.

Mi generación
se consoló con falsos profetas
que prometían cambio
pero hacían más de lo mismo,
cuyas ideologías optimistas
se convirtieron en imanes para la heladera y stickers para el auto:
SÍ PODEMOS

Sí,
vimos cómo asesinaron a los primeros ministros.
Golpes de estado silenciados en los pasillos del parlamento,
cabezas que ruedan por malas votaciones, lenguas caídas,
ruido a tambores mientras los diarios armonizaban como lobos que aúllan.
Nuevos reyes y reinas para los ojos de las cámaras, que todo lo ven,
que parpadean pero nunca se cierran.
“Líderes” recién consagradas con dientes pulidos y largos cuchillos.
Sonríen pero bien adentro
saben que también la guillotina los espera.

Mi generación
floreció con la sangre de los artistas
que mandaban mensajes en botellas
que terminaban en los corales despintados
y la humanidad era un fósil sumergido que sería buscado
algún día por otra gente y no por nosotros.
Mientras que los tradicionales custodios de la tierra
transpiraban en departamentos como cuchetas
y los activistas de izquierda sorbían vino tinto
y hablaban de reforma.

Mi generación
tuvo sexo con vaselina y música toda igual.
Hicimos mal el amor.
Los hombres aprendieron a tener sexo
armando un currículum de conchas rosas pixeladas de estrellas porno,
tetas enormes y pijas digitales.
Hicimos el amor entre manchas de aceite y masacres,
bailamos tango entre los titulares de la historia,
revoloteamos entre el ruido a sexo susurrado y asesinatos,
bidones de vino frío y saleros infernales,
pobres diablos bailando con espejismos
que traían una breve alegría a nuestros corazones disecados.

Mi generación
nunca dejó de hacer chiquilinadas.
Nos volvimos más preocupados, no más sabios.
Nos pusimos viejos, no crecimos.
Y nuestra única posesión fue una imaginación con alas,
que se sentó en el borde del océano

                                                    esperando que la marea trajera algo.


Omar Musa( versión en castellano de Tom Maver)
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(Merci Javier Ramma)

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