democracia futbolistica? realmente importa?

...ni el caudillismo del Diego, ni el carnerismo de Pelé. El sindicalismo democrático del Doctor sócrates. Más todavia para este mundial y la conflictividad social que lo enmarca.
por Orko de la puntania


Sócrates y la democracia corinthianaE-mail
Escrito por Xavier A. Flores Aguirre / futbol rebelde
Lunes, 05 de Diciembre de 2011 00:00
altSócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, conocido simplemente como Sócrates, o como O Doutor, en virtud de la profesión cuyo estudio alternó con sus 404 goles, tenía según escribió Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra, “cuerpo de garza, altas piernas flaquísimas y pies pequeños que se cansaban fácil, pero era un maestro del taquito, y se daba el lujo de convertir penaltis con el talón”. Jugó en la selección brasileña de los mundiales de España 82 y México 86, pero yo lo recuerdo solamente en aquel mítico Mundial del 86 (el mundial del Diego) como aquel barbado centrocampista de la única selección de Brasil que ha despertado mis simpatías.

No me enteré sino hasta mucho después, mediante la lectura de un preciso artículo que publicó la revista Diners y la investigación que realicé para colgar un artículo en mi bitácora de internet que este sujeto de cortazariano aspecto es persona de profundo ideario democrático, cuyo ejemplo me interesa mucho porque defiende dos premisas que yo entiendo básicas para un concepto de buen gobierno: el respeto a la autonomía individual y la promoción del autogobierno colectivo. O Doutor Sócrates lideró una experiencia futbolera y política llamada democracia corinthiana, cuyo lema era “liberdade com responsabilidade” y que se puso en práctica en el equipo paulista Corinthians en tiempos de la dictadura militar brasileña (años 82 y 83).

La experiencia, en resumidas cuentas, es la que sigue: en el Corinthians de aquel entonces todo se decidía por consenso: la comida, la alineación, las contrataciones, las dimisiones, los momentos para entrenar; se eliminaron las concentraciones y se defendió con pasión futbolera el irrestricto respeto a todo aquello que los jugadores hicieran fuera de las canchas. Y lo mismo, para tomar todas estas decisiones, votaba el peor de los suplentes como el más linajudo de los directivos: la democracia corinthiana es un diáfano ejemplo de autogobierno colectivo y de respeto a la autonomía individual que, para probarnos que esos atributos no se riñen con la victoria, participó de la consecución del Corinthians de los campeonatos de los años 82 y 83 y de la elección de Sócrates como mejor jugador sudamericano de 1983.

Además, otros datos no menores: la economía del club era solvente (un superávit de 3’000.000 de cruzeiros, cosa inédita) y su contribución al debate sobre la democratización del régimen militar (mediante el uso de lemas en sus blancas camisetas como “Democracia”, “Direitas-Ja” o “Eu quero votar para Presidente”) fue notoria y es notable.

Resumiendo, no conozco palabras mejores para definir la democracia que las palabras del jugador de Corinthians Biro-Biro: “La democracia me hace aprender a respetar la diferencia sin jamás aceptar las desigualdades”. Como tampoco conozco mejores palabras para cerrar esta columna que celebra la democracia corinthiana que las palabras con que Sócrates finaliza su libro Democracia Corinthiana: A Utopia em Jogo, escrito en conjunto con el periodista Ricardo Gozzi: “Conseguimos probarle al público que cualquier sociedad puede y debe ser igualitaria.

Que podemos desprendernos de nuestros poderes y privilegios en procura del bien común. Que debemos estimular que todos se cohesionen y que pueda participar activamente de los designios de sus vidas. Que la opresión no es imbatible. Que la unión es fundamental para superar los obstáculos difíciles. Que una comunidad solo puede fructificar si respeta la voluntad de la mayoría de sus integrantes. Que es posible darse las manos”. ¡Grande O Doutor! Que así sea.

Sócrates y la Democracia Corinthiana
octubre 2, 2011 en Blog de LovingFutbol
En un mundo tan conservador y anquilosado como el del fútbol, es poco habitual encontrar movimientos y exaltaciones sociales que tengan como finalidad cambiar las cosas desde dentro. El fútbol es un mundo donde todos sus actores principales viven una vida acomodada y al margen de la realidad de la calle, como una especie de clase política, eso sí, aceptada generalmente por una afición cegada por la pasión a un deporte y a unos colores de la que se aprovechan hábilmente quienes controlan y manejan sus hilos desde fuera.



Quienes no tuvieron la fortuna de verlo jugar, Sócrates fue un futbolista brasileño que lideró su selección en los años 80, con un fútbol que maravilló en los Mundiales de España 82, y México 86, pese a que no consiguieron el título. Curiosamente, este hombre que medía 1’90 y calzaba un 41 y con sobrenombre “El Doctor”, llamado así porque estudió la carrera de Medicina, lo describe Eduardo Galeano en su libro “El fútbol a sol y sombra”, del siguiente modo: “tenía cuerpo de garza, altas piernas flaquísimas y pies pequeños que se cansaban fácil, pero era un maestro del taquito, y se daba el lujo de convertir penaltis con el talón”. Sócrates fue un virtuoso del balón, un bohemio del fútbol, jugaba con plena libertad, tal como entendía y sigue entendiendo él la vida.
Y a Sócrates se le conoce también por un experimento rebelde y romántico que se vivió a principio de los años 80 en Brasil y que se conoció con el nombre de “Democracia Corinthiana”.



Corría 1981 y el Corinthians de Sao Paulo andaba de capa caída. La democracia en Brasil andaba aún peor, con el país en manos de una dictadura militar enquistada desde 1964. A finales de año, el director de fútbol del Corinthians, pactó con los pesos pesados del vestuario un sistema absolutamente democrático, una cooperativa futbolística en toda regla. Cualquier decisión del club se tomaba en función de un sufragio universal. El presidente dio el visto bueno, arriesgándose a recibir día sí y día también la llamada de la junta militar. En las asambleas se tomaban todo tipo de decisiones: cuándo entrenar, qué comer, con qué sistema jugar y a quién fichar. Pero también se liberaba a los futbolistas casados de las concentraciones previas a los partidos. Y sobre todo: un respeto irrenunciable a la vida privada del jugador. El sistema solo era estricto en su propia base: cada integrante del club, un voto, desde el capitán hasta el utillero.
La intención del vestuario del Corinthians era ganar partidos y devolver los títulos a las vitrinas del club, pero también aprovechar la incidencia social del fútbol para reclamar transparencia a los militares y aspirar a una “democracia real”, un 15-M futbolístico en el Brasil de los años ochenta.



Una de sus grandes peticiones fue que los votos de los ciudadanos decidiesen directamente el nombre del presidente del país. Los jugadores saltaban al campo con camisetas y pancartas reivindicativas: “Democracia Ya”, “Yo quiero votar para presidente”, o “Elecciones directas ya”. En la final del campeonato paulista de 1983, regatearon la presión ambiental con otra pancarta para la historia: “Ganar o perder, pero siempre con democracia”. Sócrates jugaba con su mítica cinta donde solía lucir lemas políticos, solidarios con Etiopía, en contra del apartheid, o simplemente con tres letras, “Paz”. La Democracia Corinthiana contó con un apoyo importante, el de la revista futbolística Placar, y de un gran número de artistas y famosos que fueron todo un referente del Brasil del momento. Además, consiguieron para el Corinthians un superávit de 3 millones de cruzeiros, algo inédito, y los campeonatos del 82 y 83, con Sócrates nombrado como mejor futbolista sudamericano.
El epílogo de esta historia es el que suele cerrar las revoluciones más románticas: Sócrates había prometido que abandonaría Brasil si el país no lograba poner en marcha un sistema de elección directa del presidente. En 1984 se confirmó que sería el Parlamento el que nombraría directamente al presidente, y no los votos de los ciudadanos. El Doctor emigró a la Fiorentina, y aquella cooperativa futbolística acabó por diluirse. La candidatura de Roberto Pascua, afín a la dictadura militar, ganó las elecciones a la presidencia del Corinthians.
Pero la Democracia Corinthiana ganó dentro y fuera del campo. Sócrates escribió en uno de sus libros: “Conseguimos probarle al público que cualquier sociedad puede y debe ser igualitaria. Que la opresión no es imbatible. Que una comunidad sólo puede fructificar si respeta la voluntad de la mayoría de sus integrantes. Que es posible darse las manos”.
Sergio-Lovingfutbol

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