No todo es identidad

Distintos sectores del activismo expresaron su repudio ante la detención de las travestis de La Plata y de Mar del Plata por narcotráfico. Denunciaron la persecución de lxs vecinxs de la zona roja hacia las travestis; la aquiescencia del intendente de la ciudad; el maltrato policial; las condiciones infrahumanas de la detención y el avasallamiento del derecho a la identidad: las travestis son registradas bajo nombres masculinos y tratadas como hombres. Esta última denuncia se hizo extensiva a periodistas y medios de comunicación que difundieron la noticia en los mismos términos. 
Estas manifestaciones son sumamente valiosas y necesarias, y entiendo que hacer foco en la vulneración del derecho a la identidad es la clave de una cierta estrategia legal que busca la inmediata libertad de las travestis detenidas. Pero pensemos ¿que se trate a las travestis como hombres es lo más grave que está pasando acá? Espero que no se malinterprete: soy un varón trans, cambié mi documento hace varios años por la vía judicial y una vez que lo tuve fui parte del Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género. Con esto quiero decir que comparto la bronca y acompaño las protestas. Pero creo también que si restringimos el activismo trans al respeto del nombre y pronombre elegidos estamos perdidos.
Drogas, prostitución y la cárcel es la trinidad profana de las travestis y las mujeres trans. En ocasiones estos ejes son como una sospecha oscura que avanza como una sombra amenazante - entonces podríamos inferir que se trata de un invento creado por quienes no nos quieren para perjudicarnos, esto es, para llamar a la policía y que etc. Sin embargo creo deberíamos detenernos a pensar en quiénes encuentran a las drogas, la prostitución y la cárcel como parte efectiva de sus recorridos biográficos (acaso podria decirse que es la mayor parte del colectivo) y por qué. Con otras palabras: lo más terrible de la situación de las travestis detenidas no es que se refieran a ellas con nombres de varón; y, si bien lo más urgente es lograr su libertad, no debemos olvidar que su vida fuera de la cárcel no es la vida de cualquiera, porque las oportunidades siendo trans son otras. 
Muchxs activistas trans sumamos nuestras voces a otras demandas sociales, acompañamos otras causas, nos alineamos políticamente con espacios y movimientos feministas y/o gaylésbicos. Pero Transfobia no es homofobia ni es misoginia. La marginalización y la falta de oportunidades de las personas trans no se debe a la heteronormatividad ni a la negativa sistemática del gobierno a legalizar el aborto. Y también es transfóbica la postergación de nuestras urgencias y el desconocimiento de nuestras problemáticas específicas. Nuestros medios de subsistencia son muy limitados: que cambiemos nuestro documento no impide que sigamos sin posibilidad de acceder a oportunidades laborales, educativas y que no accedamos a la salud. En la mayor parte de los casos, además, fuimos expulsados de nuestros hogares. ¿Cómo se supone que vamos a sobrevivir? Hace unos días alguien celebraba que el gobierno otorgó un seguro de desempleo a las personas trans. No decía que se trata de 225 pesos por mes. Repito la pregunta ¿Cómo se supone que vamos a sobrevivir? Y no se trata solamente de cuestionar lo irrisorio de la cifra, sino también de adelantarse a una potencial objeción: ¿por qué no trabajan en vez de recibir auxilio del estado? Ese es un tema clave. Las personas trans estamos en condiciones de trabajar y no somos admitidas en ningún empleo: no por ser putos ni tortas ni por estar en contra de la iglesia, sino por ser trans. No existe ninguna política que impulse y promueva la contratación de personas trans ni de parte del estado ni de parte de nuestrxs aliadxs. 
Para terminar quisiera reconocer que el diálogo y la compañía de distintos espacios y agrupaciones es meritorio, es necesario y podría ser muy provechoso si pudiéramos concentrar nuestro pensamiento crítico en registrar dónde estamos poniendo nuestra energía (¿es suficiente activar por el respeto del nombre?) y enfocarnos en las condiciones de existencia específicas de las personas trans, para impulsar un cambio.
Por Blas Radi
María Luisa Peralta:
 Hay un exceso de foco en las identidades, la performatividad, el discurso, el lenguaje y la crítica cultural y se ha abandonado, en aras de un falso "todo suma" y una mucho más falsa e inútil "unidad", el análisis materialista y económico.

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