Violencia, saqueos e inseguridades: tecnologías políticas de la represión.

Control Social en la docta
Sé que para lo vertiginoso de los acontecimientos ya es quizá algo tarde para compartir algo sobre el acuartelamiento de la semana pasada. Igual algunas preguntas me quedan. Ya se dijo mucho y se debatió (y debatimos) sobre las irresponsabilidades políticas de nuestro gobernador y la actitud nefasta de su policía. También observamos el fascismo resurgiendo impune, como si el caos fuera aval y justificación de las atrocidades que se están diciendo desde la noche del martes. Y es, en realidad, a este respecto que quisiera detenerme un poco. Digo, porque la situación es compleja y hay mucho para pensar, pero me permito centrarme en uno de los tantos aspectos, aunque más no sea para disparar alguna pregunta.

Con algunxs compañerxs venimos trabajando sobre aquella pregunta de la vida de quién cuenta como vida, y qué cuerpos son reconocidos como sujetos. Puesto por caso hemos rastreado estos marcos de lo humano en un adefesio jurídico como es el Código de Faltas de nuestra provincia. Pero lo que pasó el martes y el miércoles me parece mucho peor (y no es sólo “la policía” o el lamentable gobernador que tenemos). Si en Córdoba convivimos con la permanente violencia del estado provincial, esos días, con vecinos armados en la calle, con patotas de estudiantes maltratando gente ‘por las dudas’, y ante los comentarios generales del día después, pareciera que el famoso Código no es más que una cristalización de lo que pensamos como sociedad. Estoy exagerando, claramente las políticas de exclusión funcionan también delimitando los marcos de lo que consideramos ‘posible’. 

De cualquier modo, que parezca posible salir a matar (o matar de un ladrillazo desde un balcón, y no es metáfora) por un televisor, o por la mercancía que fuera… ¡Salir con la determinación impune de matar por una mercancía!! Moler a patadas a una persona ¡por las dudas corra riesgo la propiedad privada!! ¿Qué pensaron los vecinos de Nueva Córdoba que era el cuerpo de ese chico del que abusaron? ¿Qué valor tienen esas vidas, apuntadas por armas, ladrillos o patadas? Y la posterior discusión sobre si el chico que asesinaron en la moto “estaba o no saqueando”… ¿Si estaba saqueando (qué horror terminar la pregunta) se supone que se hizo justicia? Igual de impunes que los que esos días portaron armas –¿Agüero es pueblo después de todo?-, los que al día siguiente anunciaban por las redes sociales fotos de los ‘negros saqueadores’ y los que encontraron el momento para decir “estos son los negritos choros de la marcha de la gorra”… A pocas semanas de la Marcha de la Gorra y de la Marcha de la Diversidad, parece que los cordobeses retrocedimos varias décadas… 

¿Qué decimos y diremos sobre todo esto quienes nos ocupamos de estas cuestiones, desde el estudio, la militancia, la educación, la vida diaria? ¿Los que discutimos minucias microteóricas presuponiendo que los grandes debates sobre el fascismo están resueltos? ¿los que insistimos en el pensar situado? ¿Qué dirá la Universidad de su barrio de estudiantes, Nueva Córdoba? (porque es más fácil decir que fueron hijos de sojeros ricos…pero también son pichones de la docta y santa, no?) ¿Qué diremos los que, a regañadientes o no, formamos parte de esa Universidad? ¿Qué diremos los que trabajamos en escuelas, los que están involucrados en la educación en alguno de sus niveles? ¿Cómo se acompaña a los alumnos que participaron de saqueos, a los alumnos maltratados, a los alumnos expuestos al fascismo o tomados por él? ¿Cómo daremos batalla al fascismo? Supongo que paso a paso, como siempre, pero no comosiempre: espero que no perdamos la capacidad de sorpresa y no caigamos en la naturalización de la violencia… otra cara del fascismo que desde dentro nos acecha. No quise compartir sólo la tristeza, sino también la voluntad de darle batalla.
Por Ianina Moretti

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