Se les ha ocurrido una idea, sin embargo. Quizás, nos dicen, podamos salvarnos del tajo si no logran vernos -si por arte de ley nuestra diferencia aparece, invisible, ante sus ojos. Y prometen: si aceptamos exponer la carne marcada con el sello de la indeterminación a lo mejor, entonces, no será necesario recurrir a la sangre. En lugar de marcar el cuerpo, convertir el cuerpo en marca.
Quieren ser menos crueles, es cierto, pero no pueden, no pueden evitarlo. Son crueles, tan crueles: es el estilo inevitable de su hospitalidad.
Mauro Cabral -relatos inevitables
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