una idea


No pueden bajar las armas, y sus armas siguen cortando. Lo admiten: si nos ven, nos marcan -y la marca, nos explican, es lo que cuesta el derecho de tránsito entre los límites de su ciudad. 
Se les ha ocurrido una idea, sin embargo. Quizás, nos dicen, podamos salvarnos del tajo si no logran vernos -si por arte de ley nuestra diferencia aparece, invisible, ante sus ojos. Y prometen: si aceptamos exponer la carne marcada con el sello de la indeterminación a lo mejor, entonces, no será necesario recurrir a la sangre. En lugar de marcar el cuerpo, convertir el cuerpo en marca.
Quieren ser menos crueles, es cierto, pero no pueden, no pueden evitarlo. Son crueles, tan crueles: es el estilo inevitable de su hospitalidad.



Mauro Cabral -relatos inevitables

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