La colonización Trans


El año pasado me invitaron a escribir sobre la ley de identidad de genero para un libro que iba a publicarse este año. Primero dije que sí, y luego dije que no -y finalmente no envié artículo alguno. ¿La razón? No había otras personas trans invitadas a escribir. La propuesta editorial era incluir las voces del activismo trans a través de una serie de entrevistas; esta opción se explicaba por el "rigor académico" que debía tener el libro para ser publicado.

Es cierto: los saberes trans se han creado, discutido, construido, sostenido, por fuera de los ámbitos académicos. Sin embargo, esos mismos saberes son los que hicieron posible el proceso que finalizó en la ley de identidad de género, y más aún: el marco teórico-conceptual que sirvió de condición de posibilidad ineludible de esa misma ley. La verdad es que por sí sol*s, nuestros académic*s cis y todo su rigor jamás hubieran podido imaginar una ley de identidad de género como la que nosotr*s no solo imaginamos, sino también conseguimos. La prueba está en la diferencia evidente entre aquellos textos académicos (cualquiera sea la disciplina) que ignoran la existencia de los saberes trans, y aquellos que los incorporan –lo que es decir, los que no se limitan a incluirlos como cita, ejemplo o nota de color, sino que los encarnan en el cuerpo de la escritura. Eso que hay entre un*s y otr*s textos es, claramente, un mundo de diferencia.

Es cierto: las personas trans* enfrentamos limitaciones severas a la hora de lidiar con el rigor de la academia. Quienes se identifican con ese espacio y sus prácticas tienden a padecer una limitación desesperante a la hora de reconocer otros espacios y otras prácticas, incluyendo otros saberes, cuya validez ignoran y su profundidad impugnan. Más aún, la dependencia constitutiva de cierta academia respecto de las personas trans* como sus objetos privilegiados la vuelve incapaz de reconocer la subjetividad innegociable de esos mismos objetos.

No escribí y, según la lista de autor*s disponible, tampoco escribieron otr*s activistas trans*.

El libro se ha publicado, y será presentado el lunes. El mismísimo Osvaldo Bayer participará de la presentación de un libro sobre la ley de identidad de género que no incluye el análisis de ningun* de l*s activistas trans* que participamos en la elaboración, negociación y sanción de la ley –l*s mism*s que durante más de una década formamos academic*s capaces de hablar y escribir sobre identidad de género. Esa ausencia es un problema sobre el que habrá que volver, una y otra vez, todas las que sean necesarias. El problema –aquí sí, y con las disculpas del caso, *mi* problema- es que a pesar de mi negativa explítica a participar de la publicación mi nombre está ahí, en la difusión del libro, entre otros nombres: somos l*s así llamad*s "referentes" del "movimiento social trans*", l*s que brindamos “voces y aportes” incluidos en el libro.

Es cierto: vari*s de nosotr*s hemos hablado en público, y por lo tanto nuestras expresiones pueden, al parecer, ser incluidas de prepo en una publicación como esta. Y es más, hay razones éticas, políticas y hasta académicas por las que para mucha gente podría ser deseable incluir nuestr*s “voces y aportes" incluso sin nuestro consentimiento, incluso con nuestra voluntad explícita de no ser incluid*s. No es mi caso. Soy de la idea de que cuando una persona trans* dice no es no, y que la diferencia entre autoría y voz sigue siendo una forma apenas velada de discriminación, aunque tenga lugar bajo la forma políticamente correcta de la inclusion.
*Hace unas semanas un conocido me decía que, desde su punto de vista (y no solamente el suyo) el problema del activismo trans* es que l*s "activistas intelectuales" estamos en un tupper. A lo mejor. Entre otros problemas, creo que la división entre el activismo auto-denominado "no-intelectual" ha renunciado a politizar la producción, circulación e institucionalización de saberes. No tiene sentido pelear por la inclusión educativa sino extendemos esa lucha a todos los ámbitos, incluido ese que se llama, con respeto, temor y desprecio reverencial, la "academia" -y si no la extendemos más allá de la inclusión, del mero "estar ahí", sin lo que producimos tenga un efecto transformador real.

Por Mauro Cabral
(Cerca de Octubre de 2012)

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