Mi amiga Analía me vendió un demaquillante maravilloso: de una sola pasada te quita toda la pinturita que una se pone en los ojos. Sucede que la pinturita que yo me pongo en los ojos sirve para volver la Casa Rosada de color verde, así que me puse muy contenta de no tener que rasquetear mi pupila largo rato como venía haciendo hacía siglos con mi crema de segunda marca.
"Es un bifásico", me dijo Analía. Al observar mi manifiesta ignorancia, ella me explicó que el producto consta de dos partes, y que cada vez que necesitara usarlo debía agitar la botella para que ambos elementos se unieran y el demaquillante funcionara. "Pero atenti que no podés hacer cualquier tipo de movimiento", agregó. "Es como hacerle la paja a un tipo: torcé un poco la mano hacia la derecha, agarralo con suavidad y firmeza a la vez y recién ahí te lo podés meter en la cara".
Está bien, dije yo. Si Lancôme lo dice... Esto debe ser lo que llaman por algunos lados "cosmética científica", pensé. Y al toque me acordé de Irina Palm, la de Sam Garbarski.
A Maggie la conocí en I-Sat alguna noche de insomnio. Es una mujer que pasa los sesenta años y se encuentra viuda, sin un mango en el bolsillo y con un nieto que necesita realizar un viaje a Australia para recibir un tratamiento particularísimo.
Como corresponde a toda abuela como la gente, Maggie se pone en campaña para conseguir el dinero, pero descubre que en ninguna parte de su ciudad existe interés en emplear a una sexagenaria que hasta el momento sólo ejerció como ama de casa.
A una sexagenaria del mundo real: con los excesos de peso correspondientes y sin rastros de cirugías en la cara.
A una sexagenaria del mundo real: con los excesos de peso correspondientes y sin rastros de cirugías en la cara.
Por un error, y siguiendo un cartel que dice "se busca anfitriona", Maggie entra a un puterío que se llama Sexy World, esperando realizar alguna tarea de limpieza. Pero Miki, que es el dueño, acaricia las manos de la abuela y se ve asaltado por alguna específica intuición masculina. Entonces se anima a probarla en el agujero.
El agujero está en una pared que divide a una habitación donde se encuentra la anfitriona y otra pieza donde se ubica algún cliente. Luego de introducir una moneda, el cliente coloca su pija en el agujero y la anfitriona, que está del otro lado esperándolo, lo masturba. El tipo debe acabar en un par de minutos, para dejarle lugar al otro sujeto que sigue en la fila.
Cuando Maggie empieza a laburar en el agujero, se ve invadida por una gran repulsión. Las arrugas de su cara se contraen con una expresión de asco al tocar los penes de los hombres. Cuando el tipo de turno acaba, ella busca rápidamente un Kleeenex de su cajita floreada para recoger el líquido viscoso y tirarlo al tacho de basura lo antes posible.
Sin embargo, el tiempo pasa y algo raro empieza a suceder. La fila de varones que esperan para ser tocados por la mano de Maggie es mucho más larga que la cola que se hace para acceder a la caricia de la chica asiática que la instruyó. Y un día cae Miki y le dice "tenemos que buscarte un nombre".
Así nace Irina Palm, la masturbadora más célebre de toda Londres. Se vuelve tan, pero tan famosa, que el dueño del prostíbulo más grande del Soho (Sex-O-Roma) quiere tentarla con la Irina Piaza: un lujoso sector exclusivamente dedicado a la paja masculina, donde Irina desarrollaría su labor mientras instruye a jóvenes chicas en su método perfecto. Claro, Irina tiene su ética, y le dice que no al gordo rico, que ni en pedo se va para Sex-O-Roma porque todo se lo debe a Miki.
Lo interesante del asunto es que, durante el proceso, a Maggie le pasan varias cosas. Junta la plata para su nieto pero el hijo se entera del origen de la guita y la desprecia. La ataca una enfermedad clásica de toda masturbadora, el codo de pene, aunque sigue yendo a laburar utilizando con notable eficiencia su mano izquierda. Le deja de interesar juntarse a tomar el té con sus amigas del barrio o chusmear con otras mujeres mientras barre la vereda. Empieza una relación romántica con Miki, compuesta fundamentalmente de conversaciones antes o después del horario laboral.
Pero lo más importante de todo es que Irina se empieza a divertir por primera vez en su vida. Tan bien la está pasando, tan realizada se siente, que se da el lujo de decirle en la cara a una supuesta amiga: "Siempre supe que mi marido se acostaba con vos. Sé bien que te gusta que te den nalgadas".
Y como ya no le importa tres carajos su pasado con el forro del esposo, se deshace de la fotografía conyugal y se va de compras al minimercado, donde las vecinas miran con repudio a la novel puta.
- ¿Lo de siempre, Maggie?, pregunta la vendedora.
- No. Hoy quiero chocolates, responde Irina Palm con su amplia sonrisa.
El agujero está en una pared que divide a una habitación donde se encuentra la anfitriona y otra pieza donde se ubica algún cliente. Luego de introducir una moneda, el cliente coloca su pija en el agujero y la anfitriona, que está del otro lado esperándolo, lo masturba. El tipo debe acabar en un par de minutos, para dejarle lugar al otro sujeto que sigue en la fila.
Cuando Maggie empieza a laburar en el agujero, se ve invadida por una gran repulsión. Las arrugas de su cara se contraen con una expresión de asco al tocar los penes de los hombres. Cuando el tipo de turno acaba, ella busca rápidamente un Kleeenex de su cajita floreada para recoger el líquido viscoso y tirarlo al tacho de basura lo antes posible.
Sin embargo, el tiempo pasa y algo raro empieza a suceder. La fila de varones que esperan para ser tocados por la mano de Maggie es mucho más larga que la cola que se hace para acceder a la caricia de la chica asiática que la instruyó. Y un día cae Miki y le dice "tenemos que buscarte un nombre".
Así nace Irina Palm, la masturbadora más célebre de toda Londres. Se vuelve tan, pero tan famosa, que el dueño del prostíbulo más grande del Soho (Sex-O-Roma) quiere tentarla con la Irina Piaza: un lujoso sector exclusivamente dedicado a la paja masculina, donde Irina desarrollaría su labor mientras instruye a jóvenes chicas en su método perfecto. Claro, Irina tiene su ética, y le dice que no al gordo rico, que ni en pedo se va para Sex-O-Roma porque todo se lo debe a Miki.
Lo interesante del asunto es que, durante el proceso, a Maggie le pasan varias cosas. Junta la plata para su nieto pero el hijo se entera del origen de la guita y la desprecia. La ataca una enfermedad clásica de toda masturbadora, el codo de pene, aunque sigue yendo a laburar utilizando con notable eficiencia su mano izquierda. Le deja de interesar juntarse a tomar el té con sus amigas del barrio o chusmear con otras mujeres mientras barre la vereda. Empieza una relación romántica con Miki, compuesta fundamentalmente de conversaciones antes o después del horario laboral.
Pero lo más importante de todo es que Irina se empieza a divertir por primera vez en su vida. Tan bien la está pasando, tan realizada se siente, que se da el lujo de decirle en la cara a una supuesta amiga: "Siempre supe que mi marido se acostaba con vos. Sé bien que te gusta que te den nalgadas".
Y como ya no le importa tres carajos su pasado con el forro del esposo, se deshace de la fotografía conyugal y se va de compras al minimercado, donde las vecinas miran con repudio a la novel puta.
- ¿Lo de siempre, Maggie?, pregunta la vendedora.
- No. Hoy quiero chocolates, responde Irina Palm con su amplia sonrisa.
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Referencias
- Irina Palm (La Profesión de Irina Palm en Argentina). Reino Unido-Bélgica-Luxemburgo-Alemania, 2007. Dirección: Sam Garbarski. Con Marianne Faithfull, Miki Manojlovic y Kevin Bishop.
Este texto manifiesta mi repudio al Decreto Presidencial Nº 936/2011 y mi apoyo al Comunicado de Prensa de AMMAR (Asociación de Meretrices Argentinas) del 6 de julio del 2011.
Referencias
- Irina Palm (La Profesión de Irina Palm en Argentina). Reino Unido-Bélgica-Luxemburgo-Alemania, 2007. Dirección: Sam Garbarski. Con Marianne Faithfull, Miki Manojlovic y Kevin Bishop.
Este texto manifiesta mi repudio al Decreto Presidencial Nº 936/2011 y mi apoyo al Comunicado de Prensa de AMMAR (Asociación de Meretrices Argentinas) del 6 de julio del 2011.
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