El género como forma de violencia



A continuación, indagaremos la categoría género como dispositivo performativo[1] estético y político. Entendiendo por ello, un complejo entramado de efectos corporales atravesado por pares dicotómicos virtual/real, ficcional/literal, natural/social, cultural/político. Partiremos de la fructífera polisemia (y diseminación) del significante género, mediado en la frontera entre lo natural y lo artificial (organismo y máquina), acaso injertos biomédicos de testosterona sobre prístinos cuerpos vírgenes, acaso frontera ambigua entre la efímera ciencia ficción y la opaca densidad de lo real.

Asumimos como propia la tarea de aportar a una práctica crítica que haga justicia a los movimientos sexuales y sociales, y en simultáneo una búsqueda de la corporalidad como carácter específico y referencial del / lxs sujetxs políticxs.

El ‘ideal regulatorio’ que guía el presente surge de la insistencia al preguntarnos ¿Qué pasa con el cuerpo? y siguiendo a D. Haraway en ello ¿Por qué deberían nuestros cuerpos terminar en la piel o incluir, en el mejor de los casos, otros seres encapsulados por la piel?.[2]. Con ello nos abocaremos a re-escinificar el vínculo sexo-género dando por supuesto que el sexo no es una categoría que puede reducirse a atributos fisiológicos, anatómicos o físicos en sentido amplio. A partir del régimen biopolítico y biotecnológico denominado por Beatriz Preciado[3] Era farmacopornográfica podemos decir que el sexo será un objeto de gestión polítca de la vida, sobre todo porque esa gestión se realiza a través de las nuevas dinámicas del tecnocapitalismo avanzado. Lo mismo ocurre con el “género” concebido desde una economía política de flujos incesantes, un enorme flujo de hormonas, silicona, textos y representaciones, de técnicas quirúrgicas... en definitiva un tráfico constante de biocódigos, de inscripciones y marcaciones. El género es entendido como una construcción, un ‘proceso biotecnológico’ o porque no ‘tecnologías del género’, donde el desafío de este concepto deviene la posibilidad de intervenir en esa misma construcción, es decir desafiar aquellas representaciones somáticas que ‘pasan’ por naturales y otras, en cambio, no. En otros términos se trata de la crítica (como desafío político identitario) al propio aparato de producción de la verdad del complejo sexo-genérico.

Este artículo trata entonces de un doble propósito. Por un lado, analizar el tejido discursivo de la categoría género como acto estético performativo del cuerpo y la corporalidad a partir de la Hipótesis de Selección Sexual[4] entendiendo por ello enunciados-expresiones performativas ilocutorias que realizan cierta acción y ejercen un poder vinculante sobre el cuerpo. En este aspecto, los enunciados estéticos biológicos son considerados expresiones performativas sobre el cuerpo y la corporalidad. Lo que significa que aquellos actos de habla dan vida a lo que nombran. Es decir, la vinculación entre esquemas estéticos sociales hegemónicos, habitus incorporados, saberes dominantes, prejuicios perceptivos y sensitivos compartidos por lo que a la corporalidad biológica y reproductiva hace y realiza como discurso de poder. Estamos frente a un dispositivo que entiende, realiza y concibe al cuerpo como instrumento bello desde patrones perceptivos de armonía, simetría, proporción, etc siendo estos indicadores de atributos naturales y reproductivos.

Por otro lado, el presente trabajo también se propone analizar las nomenclaturas ontológicas y políticas del cuerpo en lxs sujetxs políticos de los distintos movimientos sexuales. Apostando a la performatividad del género y a la ontología política presupuesta, se pretende abandonar la noción de ‘diferencia sexual’ asentada sobre bases biológicas naturalistas (‘Mujer’, ‘Gay’, ‘Hombre’, etc) que puedan legitimar la acción política, tal como bien lo señala Beatriz Preciado: ‘Lo que importa no es la ‘diferenciación sexual’ o la diferencia de lxs homosexuales’, sino las multitudes queer. Una multitud de cuerpos: cuerpos trangéneros, hombres sin pene, bolleras lobo, ciborgs, femmes buthchs, marcias lesbianas…La ‘multitud sexual’ aparece como el sujeto posible de la política queer’.[5]. Desde aquí en adelante abordaremos el cuerpo y la corporalidad en relación al sujeto político de los movimientos sociales y al devenir de la multitud (léase pluralidad-diversidad) de cuerpos propuestas desde las teorías queer. Lo que nos interesa, será entonces la producción de una subjetividad política descentrada, plural y de agenciamientos colectivos varios, donde el cuerpo no es una materia pasiva sino una interface tecno-orgánica, un sistema híbrido tecnovivo y por lo mismo segmentado al modo de un dispotivo atravesado según diferentes modelos (textuales, informáticos, bioquímicos, médicos, legales, estéticos, etc, etc).

Copyleft 2009 / WalterEgo y Martin De Mauro

[1] Por dispositivo nos referimos a: ‘Conjunto resueltamente heterogéneo que incluye discursos,

instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas, brevemente, lo dicho y también lo no-dicho, éstos son los elementos del dispositivo. El dispositivo mismo es la red que se establece entre estos elementos’. Giorigio Agamben. ¿Que es un dispositivo?. Pág.1. Edición On line disponible en:

http://www.2ocho.com.ar/ponencias/articulo_agamben_1.pdf

[2] Cfr. Donna Haraway (1984). Manifiesto Ciborg: El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado .Traducción de Manuel Talens. Pág. 34. Edición On line disponible en:

http://webs.uvigo.es/xenero/profesorado/beatriz_suarez/ciborg.pdf

[3] En especial la emergencia del concepto plástico (en términos tecnológicos) de ‘género’ que pertenece al discurso médico de finales de los años 40 en EEUU. Véase Beatriz, Preciado. Biopolíticas del género. Edicion On line disponible en: http://aulavirtual.unc.edu.ar/lekton/?q=node/3. Cfr. también Beatriz, Preciado. Testo Yonqui. Edit. Espasa Calpe, Madrid, 2008.

[4] “En ésta se postula que los rasgos atractivos, como la mandíbula corta, funcionan como indicadores de alta fertilidad. Este valor reproductivo se relaciona con el concepto de selección natural:” (aquí la referencia ineludible es Ch. Darwin) “La belleza es un atributo funcional, contribuyendo a la supervivencia de los genes individuales”. Cfr. V. X. Tena Martínez y J .C. Oliver Rodriguez-Diferencias de género en la percepción del atractivo facial ante caras de ambos sexos. Jornadas de fomento de la investigación.Universidad Jaume I, Cataluña-España. Y también Cfr. Johnston, V.S. and Franklin, M. (1993). Is beauty in the eye of the beholder?. “Ethology and Sociobiology”, Nº 14, Págs. 183-199.

[5] En este mismo sentido Anne Fausto-Sterling afirma: ‘Nuestros cuerpos son demasiado complejos para proporcionarnos respuestas definidas sobre las diferencias sexuales’. Véase A. F. Sterling. Cuerpos sexuados: La política de género y la construcción de la sexualidad. Pág.6. Edición On line disponible en:

http://webs.uvigo.es/xenero/profesorado/maria_lameiras/cuerpos_sexuados.pdf

Asimismo Cfr. Beatriz, Preciado. Multitudes Queer. 2006. Pág.1, Edición On line disponible en: http://www.eutsi.org/kea/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=102

Comentarios